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El verano que nos espera: menos agenda, más vigilancia y dependencia del turista nacional

16 de abril de 2020 - 00:56

Con la temporada estival a la vuelta de la esquina y con el coronavirus todavía para vencer. El impacto en la economía va a ser inevitable, pero mucho menor si se consigue salvar en gran medida el verano de Dénia.

Tras décadas con el turismo como base de la economía, nuevamente nos sorprendemos cuando vemos lo frágiles que son estos cimientos, tan expuestos ante cualquier imprevisto. El Ayuntamiento ya asume que será una temporada floja y que el turista extranjero probablemente no se deje ver. Se espera que se levanten las restricciones nacionales, pero todo apunta a que tardarán más las internacionales. Es decir, tenemos que esperar a que el turista llegue por carretera a la comunidad y, como no puede ser de otra forma, a Dénia.

Vicent Grimalt, alcalde de Dénia, anunció ayer que centrarán los esfuerzos para atraer el turismo nacional y de este modo poder salvar parte de la temporada. Eso sí, una temporada que además de poco productiva se espera cara, ya que las posibles medidas de seguridad que se deberán tomar obligarán a la contratación de mayor número de socorristas, como ha confesado. De ellos espera el Ayuntamiento que aseguren la posible distancia que se requiera respetar entre individuos.

Por suerte, tenemos 20 kilómetros de playa para poder hacer una oferta mucho más competitiva que otros puntos turísticos ante tales limitaciones. Por desgracia, el aumento de plantilla de socorristas no será algo sencillo cuando la solidez de recursos humanos en las playas (muy sufridos por los cortos plazos de preparación de cada temporada) es una asignatura pendiente en Dénia y muy dependiente de los nuevos titulados locales por parte de la asamblea dianense de Cruz Roja, la cual no ha podido realizar los cursos correspondientes esta temporada debido al estado de alarma.

Una agenda menos atractiva

Además, todavía sigue pendiente conocer el calendario de eventos que tendremos en verano. Hace solo un mes pensábamos que se iban a juntar las fallas con las demás fiestas estivales para tener la temporada más festiva de la historia. Con el paso de las semanas ya nos damos cuenta de que no se trata la situación actual de algo anecdótico que contaremos entre risas.

Todavía no se han aplazado las fiestas patronales de julio. Se sigue esperando a que se puedan celebrar, dependiendo de los próximos anuncios del estado de alarma. No obstante, ya se asume que no serán tan grandilocuentes como otros años si es que finalmente las podemos ver en su momento. Del mismo modo, Moros y Cristianos podrían correr peligro si pretenden frenar las grandes aglomeraciones de gente.

Uno de los grandes eventos que ya sabemos casi con certeza que no veremos será el D*na Festival. Al menos, en su versión más llamativa celebrada en la Marineta. Era la idea de este año, tras uno "de barbecho" en el que se celebró el Fòrum. Por desgracia, Grimalt confirmó que, tras varias reuniones que ha tenido con el resto de la organización, todo apunta a que no se podrá llevar a cabo un festival de esas características. Eso sí, están llevando a cabo tareas para elaborar una propuesta cercana con la que se pueda seguir promocionando la gastronomía de la zona de forma, imaginamos, más humilde.

Pero lo de siempre, la salud es lo primero. En esta crisis tocaba elegir, como ha hecho cada país, entre la salud o la economía. Las medidas están ayudando a que cada vez sean más optimistas los datos de contagios. Aunque el futuro se vea negro, quedarán por suerte muchas personas sanas para resolver la situación. Y eso es algo a celebrar, aunque sea respetando distancias de seguridad.

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