El día a día de los residentes en la frontera entre Dénia y Oliva se ha convertido en una carrera de obstáculos burocráticos y kilómetros innecesarios al volante. Desde el pasado mes de diciembre, el cierre del puente del Tollinero ha dejado a decenas de vecinos en una situación de aislamiento técnico, transformando lo que era un paseo de apenas 300 metros hacia la playa en un trayecto de tres kilómetros por carretera nacional.
La infraestructura, que marca el límite geográfico entre los términos municipales de Dénia y Oliva, así como entre las provincias de Alicante y Valencia, permanece clausurada por riesgo estructural. Sin embargo, lo que parece un problema técnico se ha convertido en un conflicto de competencias donde las administraciones implicadas no terminan de concretar quién debe asumir la reparación. Según denuncian los afectados, los ayuntamientos y las diputaciones provinciales mantienen un cruce de atribuciones que mantiene la obra bloqueada.
Un rodeo de tres kilómetros por la falta de mantenimiento
Nacho, uno de los vecinos afectados por esta situación, relata la frustración que supone este corte en su rutina diaria. Su vivienda se encuentra en el término de Oliva, pero su acceso natural a la playa y a los servicios de la zona de Les Deveses dependía directamente de este puente. «Lo que antes eran 300 metros a la playa, ahora son 3 kilómetros. Tengo que salir hacia la carretera nacional, irme hasta la rotonda del autocine y luego volver», explica el residente, quien lamenta que una infraestructura con más de tres décadas de historia haya llegado a este punto de deterioro.
Para los vecinos, el principal problema no es solo el daño estructural, sino la falta de previsión y el abandono acumulado. Nacho es tajante al dirigirse a los responsables institucionales: «Es un puente que tiene 30 o 35 años de historia que nunca se ha mantenido. ¿Qué les diría? Pues que utilicen nuestros impuestos para este tipo de cosas que son necesarias para la gente». El afectado compara la situación con el corte de una vía principal para llevar a los niños al colegio, subrayando la importancia de este paso para la movilidad básica de la zona.
El «limbo» administrativo entre dos provincias
La ubicación del puente del Tollinero juega en su contra. Al situarse exactamente en la divisoria de dos municipios, dos provincias y bajo la influencia de la Confederación Hidrográfica del Júcar, la solución parece diluirse en expedientes compartidos. Aunque se ha planteado en diversas ocasiones la instalación de una pasarela provisional para peatones, los residentes aseguran que no se ha producido ningún movimiento sobre el terreno desde finales del año pasado.
«Se están pasando la pelota entre las administraciones. Es el típico caso que se va a quedar en el limbo. Va a tardar dos, tres, cuatro o cinco años, no saben ni lo que va a tardar en arreglarse eso», lamenta Nacho tras sus gestiones con el ayuntamiento. La falta de un liderazgo claro entre las diputaciones de Alicante y Valencia, junto a la postura de los consistorios, hace temer a los vecinos que la infraestructura permanezca vallada de forma indefinida, afectando no solo a la movilidad residencial, sino también a la imagen turística y comercial de Les Deveses ante la inminente llegada de la temporada estival.







