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La madre de Juanete niega el crimen de Dénia pero sabe al detalle cómo lo enterraron: «¡Lo mataron a mi hijo!»

J. Justo Moncho

Periodista
08 de junio de 2026 - 10:43

El macabro caso del crimen de Les Roques, en Dénia, se enreda cada vez más en un laberinto de mentiras y versiones cruzadas. Treinta y tres años después de la desaparición de Juan Navarro, apodado «Juanete», el hallazgo de sus restos óseos en el carrer de l’Hospital ha desatado una guerra abierta en la familia. Antonia Navarro, la madre del joven, ha roto su silencio. Lo hace con una declaración sorprendente que muchos interpretan como un intento torpe de sacudirse la culpa, señalando directamente a otros parientes como los verdaderos asesinos.

Mientras la verdad judicial intenta abrirse paso entre tantas contradicciones, los hermanos de la víctima no se mueven de la vivienda. Siguen picando el suelo con sus propias manos tras el carpetazo del juzgado. Su indignación ya es totalmente pública en Dénia. Han colgado grandes pancartas de protesta en las barandillas del Ayuntamiento y en lo alto de la plaza del Consell. Los carteles se ven perfectamente desde el concurrido carrer Diana, un grito desesperado de una familia desamparada por la ley.

Acusaciones cruzadas para intentar eludir la culpa

La última versión que manejaba la familia, aportada por una de las hermanas, señalaba a la madre como la persona que apuñaló a Juanete por la espalda con un destornillador mientras el padre le golpeaba con una piedra. Ahora, en una tensa conversación con un nieto publicada por Las Provincias, Antonia Navarro ha cambiado radicalmente el guion para asegurar que ella no tuvo nada que ver. «¡Lo mataron a mi hijo!», repite de forma insistente, intentando desvincularse por completo del sangriento final del joven en agosto de 1993.

En este nuevo relato, la anciana lanza balones fuera y desvía la diana hacia su propia hija Mari Luz y su yerno Manuel, conocido como «el Calzonazos». Según su testimonio, ellos, junto al ya fallecido padre, fueron los que acabaron con la vida de Juanete tras una fuerte discusión originada por culpa del yerno. «Fue el abuelo, el Calzonazos y Mariluz. Ahí está la cosa», afirma con vehemencia, atribuyéndoles a ellos toda la responsabilidad del complot familiar.

Un sospechoso conocimiento de los detalles más escabrosos

Sin embargo, la defensa de la madre chirría por su excesiva minuciosidad. A pesar de declararse completamente ajena al asesinato, Antonia demuestra conocer al milímetro la trastienda del crimen. Describe con frialdad que al joven lo descuartizaron utilizando un cuchillo «o lo que sea» y detalla que los restos se enterraron a una profundidad de «más de medio metro». Resulta confuso que alguien que dice no haber participado sepa con tanta exactitud que el esqueleto está «completo» bajo la escalera interior y que no hay trozos en ningún otro rincón de la vivienda de Les Roques.

Este baile de declaraciones no hace más que aumentar el calvario de los familiares que costean las exhumaciones. El Juzgado de Instrucción número 2 de Dénia archivó el caso de inmediato al comprobar que el delito prescribió legalmente en agosto de 2013, al cumplirse los 20 años de límite. Al no haber causa penal activa, la administración no mueve un dedo, obligando a los hermanos a pagar los albañiles para poder recuperar los huesos de su hermano, que tenía 27 años cuando desapareció.

Los trabajos dieron su primer fruto el pasado martes con la aparición de los huesos de una pierna, lo que obligó a intervenir a la Policía Científica. Ahora, el laboratorio de la Jefatura Superior de València analiza las muestras biológicas de la madre y de uno de los hermanos. El cruce de ADN será el encargado de poner la única nota de certeza científica y oficial en una historia empañada por el silencio y las mentiras familiares.

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