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Torrecremada se viste por dentro: las aulas que ya parecen cocinas y el «por fin» de un proyecto largamente esperado

J. Justo Moncho

Periodista
10 de febrero de 2026 - 11:38

Ayer, la concejala de Urbanismo, Maria Josep Ripoll, compartió imágenes de las primeras fases del montaje de las aulas de la futura sede universitaria de Dénia en Torrecremada. Y, sí: vistas así, con el mobiliario y los módulos tomando posiciones, hay rincones que ya recuerdan a cocinas profesionales. Son fotos con más peso del que aparentan, porque marcan el momento exacto en el que el edificio deja de ser «solo obra» y empieza a parecer «universidad». La rehabilitación del edificio ya está acabada (con la distribución y los acabados previstos) y ahora lo que se está materializando es el salto definitivo, el que convierte un inmueble restaurado en un espacio listo para funcionar: mobiliario, equipamiento, cocinas y puesta a punto.

Del «caja de zapatos» a un edificio terminado (y ya en modo «equipamiento»)

Si estas imágenes remueven, es porque contrastan con una etapa anterior muy visible y muy comentada, cuando Torrecremada —una mansión del siglo XIX— llegó a parecer una «caja de zapatos» vacía: fachadas en pie, huecos abiertos y un interior desmontado. Aquella fase, la más impactante a la vista, fue también la que alimentó el debate ciudadano sobre qué se preservaba y cómo.

Hoy el escenario es otro: con la obra ya cerrada, estas fotos no hablan de derribos ni de vacíos, sino de puesta en marcha. Es decir, de lo que de verdad se nota cuando un proyecto histórico pasa del papel a la vida cotidiana.

Qué se ve en las imágenes: cuando el aula empieza a «funcionar»

En la publicación, Ripoll lo contaba con ese tono entre bromista y resignado que cualquiera reconoce cuando una obra se alarga: que ha costado más de lo esperado y que rehabilitar un edificio antiguo siempre trae sorpresas. Pero el mensaje de fondo está en lo que muestran las fotos: ya se instala material para la actividad académica y cultural, y por dentro empiezan a dibujarse los espacios de trabajo.

Ahí está la clave. Torrecremada deja de ser «un edificio rehabilitado» para convertirse, pieza a pieza, en campus.

Una finca con historia… y una expectativa enorme

Torrecremada no es un inmueble cualquiera. Arrastra historia, memoria y simbolismo: la época del esplendor de la burguesía ligada al comercio de la pasa, el carácter residencial y agrícola de la finca, y el paso del tiempo que la fue dejando en una situación de abandono que durante años pareció no tener salida.

Por eso estas imágenes —las del montaje de aulas y equipamiento— pesan tanto: son la prueba visual de que el proyecto no solo ha llegado a término en obra, sino que entra en la fase que la ciudadanía entiende como «la de verdad»: la de abrir puertas.

¿Cuándo abrirá? El foco, en el próximo curso

Ahora mismo, lo que queda por delante es dejarlo todo listo: mobiliario, cocinas y remates de funcionamiento. Y el horizonte más probable, según el ritmo que sugieren estas imágenes, es que la sede pueda empezar a recibir estudiantes a partir del próximo curso, si se confirma el calendario académico y la puesta en marcha del equipamiento.

Mientras tanto, Torrecremada ya está diciendo algo que en Dénia se llevaba tiempo esperando escuchar: «por fin».

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  1. Jose Antonio dice:

    Todo Esto para que? Para hacer lo mismo que hace el CDT ¿ Vivir de subvenciones públicas?