Dénia recupera estos días esa mezcla de nostalgia y orgullo que siempre trae el mes de junio. Hubo una época en la que el fuego devoraba monumentos por toda la ciudad durante la nit de Sant Joan, pero hoy el panorama es radicalmente distinto. Todo pende de un único hilo. La Foguera de l’Hort resiste en solitario, consolidada como el último bastión vivo de una fiesta histórica que se resiste a desaparecer de las calles de la localidad.
Hablamos de una estructura que arrastra más de 40 años de historia. Quienes caminan durante estas jornadas por el cruce entre el carrer Amparo Merle, el carrer del Verger y el carrer de la Setla se topan de frente con un monumento que desafía el paso del tiempo y las inercias institucionales. Lo que antes era una estampa habitual en varios cruces de la capital de la Marina Alta se ha convertido en una auténtica rareza urbana. Se mantiene en pie por una sola razón: el empeño de sus vecinos.
Cartas, relojes gigantes y un flamenco: el diseño de este año
El monumento de este año entra por los ojos gracias a una potente paleta de colores y un concepto muy trabajado. Quienes se acercan a la valla perimetral, levantada sobre el clásico lecho de arena, se topan con una estética que recuerda a la literatura surrealista. Según desde dónde se mire, la obra ofrece lecturas totalmente diferentes.
En la parte delantera mandan unas cartas enormes de la baraja francesa que parecen tener vida propia. Son figuras antropomórficas con un ancla negra dibujada en el pecho que custodian la hoguera con picas rematadas por corazones de madera. Si se rodea el armazón de carpintería y cartón, aparecen los detalles que complican la estructura. Hay varios relojes de bolsillo gigantes con números romanos repartidos en vertical, una metáfora clara sobre cómo corre el tiempo. Corona la pieza la silueta curva que recuerda a un flamenco azul y amarillo que le da altura al conjunto y llama la atención por su textura rugosa de escamas. Todo queda unido por unas ramas secas de árbol que se retuercen por los flancos antes de la cita definitiva con el fuego.
El orgullo de un barrio que no se rinde
Al final, el valor real de la Foguera de l’Hort va mucho más allá de los ninots o de la técnica del artista. Es el triunfo de la memoria de un barrio. Mientras las fallas se llevan los focos turísticos en marzo, esta pequeña pira de San Juan conserva la esencia de las fiestas de siempre. Esas donde la gente de los bloques se junta para engalanar la calle y cenar a la fresca en la víspera de la noche más corta del año.
Las llamas devorarán los naipes y los relojes gigantes esta misma noche durante la cremà. Será el punto final para el monumento, pero no para el espíritu del barrio. Al apagar el fuego, los vecinos de París Pedrera se marcharán a casa con la satisfacción de haber salvado, un año más, una tradición que en el resto de Dénia ya es solo un recuerdo.








