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La paciencia del Camí de Gandia se agota: «El Ayuntamiento sabe desde hace años que esto no da abasto y no hace nada»

J. Justo Moncho

Periodista
31 de octubre de 2026 - 08:01

Basta un chaparrón algo más intenso de la cuenta para que la rutina salte por los aires en los alrededores del Camí de Gandia, en Dénia. En cuestión de minutos, el asfalto desaparece por completo y el vial se transforma en una balsa inmensa de agua marrón que corta el paso a los vehículos y deja a los residentes literalmente atrapados. La escena, lejos de ser una sorpresa, se ha convertido en una pesadilla que se repite tormenta tras tormenta sin que nadie ponga una solución sobre la mesa.

La indignación vecinal ha vuelto a estallar tras el último episodio de precipitaciones. Los residentes de las urbanizaciones de la zona contemplan impotentes cómo el agua entra directa desde la calle hacia las zonas comunes y los accesos peatonales, alcanzando alturas que cubren las ruedas de los coches aparcados y desbordan las aceras. La llamada a la Policía Local suele saldarse con la misma amarga certeza: mientras la lluvia no remita, poco o nada pueden hacer las patrullas más allá de cortar el tráfico y esperar a que drene.

Compuertas a medida para evitar la ruina bajo tierra

El mayor temor de los propietarios se esconde bajo el suelo. En los aparcamientos subterráneos, el agua se filtra con facilidad y ya ha dejado palmos de agua acumulada sobre las plazas. Los propios afectados explican que la situación no ha ido a mayores únicamente gracias a la inversión que hicieron por su cuenta: la colocación de compuertas herméticas provisionales en las rampas de bajada.

«Si no hubiésemos puesto estas placas aposta para frenar la entrada del agua, ahora mismo tendríamos dos metros acumulados dentro del garaje», denuncia uno de los afectados mientras comprueba el funcionamiento de las bombas de achique. Estas máquinas trabajan al límite de su capacidad para evacuar el caudal que logra colarse. Para la comunidad, el coste constante de reparaciones y medidas de contención supone un agravio que no les corresponde asumir a título individual.

Una acequia colapsada y un drenaje incapaz de asumir las avenidas

El origen del problema, según señalan desde el propio vecindario, no es ningún misterio. Todo el caudal que desciende desde las inmediaciones de la rotonda y los accesos comerciales confluye en una acequia o canal paralelo al Camí de Gandia, en dirección al casco urbano y la zona deportiva. Dicho cauce, repleto de vegetación y maleza acumulada, se colapsa con precipitaciones corrientes y carece de la anchura suficiente para absorber los picos de agua.

En cuanto esa zanja toca techo, los imbornales y las rejillas de la calzada dejan de tragar y el agua retrocede hacia los viales habitados. Los vecinos denuncian que se ha permitido el desarrollo urbanístico en el entorno sin adecuar en paralelo las canalizaciones pluviales necesarias, por lo que exigen al consistorio una intervención profunda que ensanche el cauce de desagüe o cree puntos de retención para evitar que cada tormenta termine en un nuevo desastre anunciado.

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Clasificado en: Sociedad, Camí de Gandía
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