Josep Ramoneda es un periodista, filósofo y escritor catalán que, además de haber ejercido como profesor de filosofía en la Universidad Autónoma de Barcelona, colabora con El País, la Cadena Ser y el diario Ara. En la actualidad es el director de la revista de humanidades y economía La Maleta de Portbou, una publicación que pretende contribuir al debate sobre el mundo actual.
Además, el intelectual es uno de los organizadores de Dénia Festival de les Humanitats, un evento que tiene lugar en Dénia anualmente y que sirve de espacio de reflexión a través de los diálogos y conferencias de diferentes pensadores y expertos en materias como la ciencia, la política y las humanidades. La edición de este año tendrá lugar la próxima semana, entre el 24 y el 26 de octubre, y lleva por título «Desconfinar el futuro: Los límites».
PREGUNTA. Esta nueva edición del festival trata de pensar sobre el futuro desde el presente. ¿Cómo se imagina usted el futuro (dentro de 100, 200 años…)?
RESPUESTA. Eso es muy lejano, con lo acelerados que estamos es muy difícil imaginar un futuro a largo plazo. Ha habido momentos en la historia en que las cosas iban lentas y en que los ritmos permitían imaginar más hacia dónde íbamos.
Siempre digo que yo nací en una ciudad que se llama Cervera, en la provincia Lérida, una ciudad que tiene su historia y tal, pero siempre digo que una persona mayor en los años 50 de allí que estuviera en vida en la Cervera o en la Barcelona de ahora no entendería casi nada y, en cambio, probablemente un ciudadano del Imperio Romano hubiese entendido perfectamente la Cervera de cuando yo era pequeño.
Esto es una imagen de la aceleración en la que estamos viviendo; las cosas cambian muy deprisa, hay unos instrumentos superpoderosos tecnológicos… Por lo tanto, es muy difícil imaginarnos el futuro, no querría pensar en una distopía con todos colgados de la nube digital sin tocar de pies en el suelo, como ya empezamos a estar.
P. ¿Qué aspectos del futuro le generan mayor curiosidad?
R. A mí me gusta pensar el futuro desde el presente. Lo que me interesa y lo que me gusta es pensar cómo evitar que la condición humana se nos disuelva en el camino del futuro.
En fin, creo que la condición humana, con todas sus deficiencias, pues es bastante apasionante y tiene sentido e interés más allá de esta contradicción, ya que puede parecer que digamos que el mal en buena parte es el que funda la sociedad. Pero quiero imaginar que los valores que ha ido construyendo la sociedad humana y siempre pensando en la libertad como elemento referencial -cosa que hoy en día está más bien en crisis- puedan seguirse manteniendo y que seamos capaces de crear la reflexión y las instituciones que lo hagan posible.
P. Ahora que cada vez hay más conflictos, ¿se imagina un futuro pacífico o conflictivo?
R. Me parece que, siendo la especie la que es, imaginarse un futuro pacífico es difícil. Lo que sí que podríamos pensar es que hay que hacer lo posible por la vía de la cultura, de la formación, de que la gente se acostumbre a reflexionar antes de decidir, que la gente sea capaz de defenderse a sí misma, que la gente no se deje arrastrar demasiado por mensajes y propuestas que pueden parecer atractivas pero que pueden acabar con nosotros mismos… Esto requiere fundamentalmente pensar, hablar, convivir, el generar relaciones que vayan más allá de avanzar a golpes, a golpe de automatismo, de lo que te marcan.
No deja de ser otra cosa que la ilusión ilustrada: que cada cual sea capaz de pensar y decidir por sí mismo, para mí, la máxima aspiración de la especie humana.
P. La inteligencia artificial parece que ha llegado para quedarse, ¿cree que esto perjudicará al ser humano del futuro o le beneficiará?
R. No me gusta tirar contra los instrumentos tecnológicos, lo que tenemos que hacer es utilizarlos adecuadamente, no rechazarlos. La inteligencia artificial evidentemente puede ser útil e interesante para muchas cosas.
El peligro sería que nos sometiéramos a ella. La inteligencia artificial es un gran instrumento siempre que lo controlemos, nos impongamos a ella, que no demos cualquier resultado que ella nos dé como definitivo y que seamos capaces de cuestionar las cosas. Este es el problema. A mí los instrumentos no me asustan si se utilizan adecuadamente.
P. En esta edición se habla de límites de la política, de los derechos, del ecologismo o la ciencia… ¿Cuál es la finalidad de estas charlas?
R. La tarea de un festival como el nuestro es poner ideas en común y reunir a personas de disciplinas, de generaciones, de experiencias diversas que puedan cotejar ideas entre ellas, sugerencias, propuestas y maneras de mirar el mundo. Una de las esperanzas de cara al futuro es que la gente no se quede en casa metida en algún artefacto tecnológico, que la gente siga hablando.
P. ¿Cree que la sociedad actual reflexiona menos que en los siglos anteriores?
R. No lo creo, nunca he pensado que cualquier tiempo pasado fue mejor, lo que tenemos que intentar es hacer buenos los nuestros; yo no creo mucho en estos en estas melancolías.
Aunque es verdad que las tecnologías nos potencian por un lado y nos complican la vida por otro; la cuestión es saberlas gobernar. Y es verdad que hay poderes muy peligrosos que se instrumentan y que funcionan a partir de utilizar las tecnologías para dominar a los ciudadanos. Esto es un obstáculo y una de las cuestiones que hay que afrontar.
P. ¿Tiene la filosofía el papel que merece en la sociedad actual?
R. Esas cosas son difíciles de decir. La filosofía es una de las formas de aproximación, para mí es el más libre de los discursos porque no tiene un método ni un objeto preciso. Es un instrumento muy importante del pensamiento humano. También es cierto que en la sociedad actual le toca un papel un poco a distancia, de señalar lo que los otros no quieren ver y advertir mucho sobre las cosas que no nos podemos permitir y, en cambio, dibujar objetivos compartibles.
P. ¿Cómo afectan las decisiones de los grandes mandatarios y la gente de más poder al futuro de la humanidad?
R. Es evidente que en este momento un problema muy importante para la humanidad es que hay algunos cuantos poderes económicos -muy pocos y cada vez más limitados, con mucha capacidad y potencia tecnológica- que están en muchos sentidos por encima de los dirigentes políticos, de los partidos políticos, de los gobiernos… y esta es una cuestión clave.
Ya se está viendo ahora en Estados Unidos con los ejercicios de Elon Musk para que gane Trump. Elon Musk es un poder económico tecnológico mundial y quiere ejercer su influencia y su poder por encima de todo. Ya tiene mucho poder contaminando y marcando a la gente por la vía de sus cauces comunicativos en el espacio digital. Estamos viendo cómo hay unos pocos poderes que ponen a la clase política a su servicio y esto es un problema.
P. ¿Cree que el ser humano está preparado para los cambios que se producen en la sociedad? Cada vez son más rápidos…
R. Este es un problema realmente muy importante y muy pertinente: hasta dónde puede llegar el ser humano, que es un ser minúsculo y que vive un tiempo que es irrelevante. ¿Qué son 70-80 años en la historia de la humanidad? Estamos de paso, la vida sigue y nosotros nos vamos. Este es una dificultad muy seria, pero es lo que tiene el factor humano. Esto exige reflexión, debate y mecanismos que permitan poner freno a los abusos de poder.
P. ¿Y la religión? ¿Se imagina al ser humano del futuro como creyente?
R. La religión está presente en muchos de los debates del festival, hay muchos temas que no están específicamente presentes pero están ahí ya que forma parte de los debates centrales de cualquier sociedad y de cualquier momento.
Creo que el ser humano siempre creerá en algunas cosas. Algunos creerán en religiones, otros en utopías, otros en fantasías, el ser humano tiene una tendencia irrefrenable a creer en algo, a agarrarse a algo que le dé sostén y que le ayude en su precariedad. Esto es un problema, porque no deja de ser un camino directo a la sumisión, facilita enormemente el crecimiento de los poderes autoritarios. Es una forma de poder que está tomando anchuras muy distintas a las de antes a través de los medios de comunicación actuales y no sé si las religiones serán capaces de adaptarse a estos nuevos universos, como el digital, es posible que sí.
P. Volviendo al festival, ¿qué efectos espera que el Festival de les Humanitats produzca en el público?
R. Nuestro interés con el público es aportarle ideas, propuestas, temas de reflexión… que le inviten a pensar y a preocuparse por las cosas que pasan y a participar de la vida colectiva. Simplemente ponemos en escena una serie de perspectivas y propuestas desde posiciones muy diversas y variadas para que cada cual escuche, participe y salga con algún conocimiento nuevo y con ganas de de participar en la escena colectiva.
P. Finalmente, ¿cómo imagina el futuro del festival en los próximos años?
R. Este será el tercer año y espero que podamos hacer muchos más. Esto dependerá de condiciones diversas: nosotros estaremos aquí mientras le siga interesando al Ayuntamiento de Dénia y le parezca bueno nuestro trabajo.









