Ayer, el ático del edificio Pepe Cabrera no solo reabrió sus puertas; recuperó su latido. La inauguración de la nueva etapa de Aticcook con Bruno Ruiz al frente fue una celebración de la cercanía, una reunión entre familiares, amigos y nombres propios del panorama gastronómico territorial que acudieron para ser testigos de un regreso esperado.
En este escenario, donde el diseño de firmas de vanguardia y las líneas puras de sus materiales definen un entorno de absoluta sofisticación, la cocina de autor encuentra el eco perfecto para proyectar su nueva identidad.
El espectáculo de la luz sobre el territorio
La jornada fue un diálogo constante entre el interiorismo, paisaje y, lo que más nos gusta, gastronomía con toque personal. Los asistentes pudimos disfrutar de la dualidad del espacio, transitando desde la calidez del salón hasta la libertad de sus terrazas. Fue allí donde la naturaleza hizo lo que mejor se le da, emocionar, regalándonos una puesta a la altura de las circunstancias, desdibujando su silueta tras la Sierra de Segaria.
Esa luz final, intensa y dorada, bañó por completo el Castillo de Dénia, tiñendo sus murallas de un amarillo vibrante mientras la brisa de la playa terminaba de redondear una atmósfera de absoluta armonía. Era el escenario ideal para lo que ocurría entre copas de vino y cava: el reencuentro con una cocina que habla de identidad y futuro.
Bruno Ruiz: la sonrisa de la plenitud
En el centro de este movimiento, Bruno Ruiz se mostraba más él que nunca. Entre entradas y salidas de la cocina, supervisando cada detalle con el rigor que le precede, se le veía relajado, genuinamente a gusto. Aunque la cautela es parte de su esencia, no pudo ocultar una sonrisa de oreja a oreja durante toda la velada. Se percibía a un cocinero feliz, cómodo en su entorno y emocionado por compartir este nuevo capítulo con los suyos.
“Volver a este ático es, de alguna manera, volver a reconocerse. Estar aquí de nuevo me permite cocinar con una libertad diferente, mirando al mar pero con los pies muy asentados en nuestra tierra. Es una alegría inmensa ver este espacio lleno de vida otra vez”, confesaba Bruno durante la celebración.
Los bocados que desfilaron por la sala fueron un sugerente preludio de todo lo que allí se llegará a disfrutar y aunque hasta el próximo martes 19 de mayo no podremos conocer el menú, coinciendo con el día de la apertura oficial al público, ya quedó muy claro que en Aticook de comer bien se entiende y mucho.
El tulipán blanco: símbolo de una nueva etapa
Al finalizar la jornada, el equipo de Aticcook tuvo un gesto cargado de significado con los invitados. Cada uno fue obsequiado con dos tulipanes blancos, una flor que representaba el renacimiento del proyecto y la vuelta de Bruno a uno de sus primeros espacios creativos. Es el símbolo de un nuevo comienzo, limpio y lleno de luz, como la que inundó ayer el ático.
Con la llegada del buen tiempo, la terraza de Aticcook se postula como el escenario donde todo está por suceder. El próximo martes se desvelará el secreto mejor guardado de Bruno Ruiz; por ahora, solo queda la certeza de que, bajo este cielo, Dénia está a punto de presenciar un reencuentro que promete.
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