De los precios prohibitivos a prohibir familias. La burbuja del alquiler en Dénia ha cruzado una línea que muchos consideran ya el colmo del descaro. No es solo que los precios en el casco urbano estén por las nubes, volviéndose prohibitivos para los vecinos que han vivido aquí toda la vida o para quienes trabajan en el municipio. Ahora, además de dejarse casi un sueldo en un techo, los inquilinos tienen que enfrentarse a condiciones que rozan lo absurdo y que han encendido los ánimos en la calle: no se admiten niños.
Parece una broma de mal gusto, pero es la realidad que se están encontrando muchas familias que intentan buscar un hogar. Ya no es solo el filtro económico, que ya de por sí expulsa a gran parte de la población local. Ahora, la exigencia de algunos propietarios se vuelve directamente excluyente con el modelo de familia tradicional. Ya no se buscan familias, se buscan parejas de jubilados. Y no hablamos de promociones de lujo o apartamentos a pie de playa con servicios exclusivos. El último ejemplo que ha hecho saltar las alarmas se encuentra en un cuarto piso del paseo Saladar.
Vetos que rozan la ética en el mercado inmobiliario
El anuncio en cuestión es una radiografía perfecta de lo que está pasando. Un piso moderno, con tres habitaciones, dos baños y mucha luz, se ofrece por 950 euros al mes. A eso hay que sumarle un suplemento de 70 euros si quieres plaza de parking. Pero lo que realmente ha dolido es la cláusula final: solo parejas jubiladas, no se aceptan niños, aunque curiosamente sí se permiten mascotas.
La situación se ha vuelto un tanto loca. Existe una demanda tan alta, especialmente de compradores extranjeros como los holandeses, que siempre hay alguien dispuesto a pagar. Esto da alas a los rentistas para poner filtros cada vez más estrictos y, para muchos, poco éticos. Al saber que el piso se va a alquilar sí o sí, se permiten el lujo de vetar a niños, como si la infancia fuera un inconveniente para la buena convivencia de la comunidad.
Indignación y rechazo en las redes sociales
Como era de esperar, este tipo de publicaciones han generado una ola de rechazo inmediata en cuanto han saltado a las redes sociales. La reacción de los vecinos de Dénia y de aquellos que buscan desesperadamente una vivienda para sus familias no se ha hecho esperar. Los comentarios oscilan entre la incredulidad y la rabia contenida ante lo que consideran una usura desmedida.
«¿Y si tenemos hijos qué hacemos, los regalamos?», se preguntaba una usuaria indignada. Otros señalaban la ironía de preferir un perro a un niño, o vaticinaban un futuro oscuro para la ciudad si se sigue expulsando a los jóvenes y a las familias con hijos. La queja es unánime: el mercado se está olvidando de que las casas son para vivir, no solo para hacer negocio a costa de excluir a sectores enteros de la sociedad. Muchos usuarios coinciden en que, mientras la gente siga aceptando y pagando estos precios y condiciones, habrá como los de este caso, tachados de «chorizos» y «usureros», que seguirán haciendo su agosto en el mercado inmobiliario de la Marina Alta.






