Era una estampa habitual y también un quebradero de cabeza constante para quienes trabajan a diario en los muelles. Tras siete años varada y a punto de irse a pique en más de una ocasión, la draga Los Olivillos tiene las horas contadas. Esta semana han arrancado por fin las labores de despiece en el Moll del Martell, cerrando un episodio que amenazaba con acabar en un serio contratiempo logístico y de seguridad para el puerto de Dénia.
El desenlace llega casi al límite. Durante los últimos días, las bombas de achique han funcionado prácticamente sin tregua. La embarcación presentaba múltiples vías de agua y el peligro de que la estructura terminara en el fondo de la dársena era real. De haber cedido el casco, la navegación y las maniobras habituales en este punto del recinto portuario habrían quedado comprometidas.
Siete años de promesas rotas y quiebra empresarial
La presencia de este gigante de hierro en el muelle dianense se remonta a 2019. Aquel año, la compañía Arenas del Sur atracó la nave con el compromiso formal de someterla a reparaciones integrales. Esas obras nunca llegaron a ejecutarse. El óxido y el abandono se adueñaron de la cubierta mientras pasaban los meses, hasta que en 2022 la mercantil se declaró en concurso de acreedores. Con la posterior declaración oficial de abandono, el barco pasó de ser un proyecto paralizado a convertirse en un estorbo peligroso.
La vía de escape pareció abrirse cuando la firma Las Machoras adquirió la titularidad de la draga con un objetivo claro: trocearla y sacarla del agua. Sin embargo, la maraña de permisos portuarios y autorizaciones ambientales ralentizó los planes mucho más de lo previsto, prolongando la agonía de la nave hasta este otoño.
Las máquinas empezaron a cortar chapa este jueves 15 de octubre. Con las primeras secciones del buque ya reducidas a chatarra, el puerto de Dénia empieza a recuperar una zona operativa clave y se despide de una amenaza flotante que ha durado demasiado tiempo.



















