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Dénia contra Diana: el desenlace de la independencia marinera y el fin del municipio nacido en Baix la Mar

11 de febrero de 2024 - 09:00

Tras años a la sombra del núcleo privilegiado de Dénia, la llamada Dalt Dénia de intramuros, el barrio marinero decidió independizarse para formar su propio municipio. Fue el 7 de agosto de 1837 cuando la Diputación Provincial de Alicante decidió, tras la petición formulada por 40 vecinos de la zona portuaria de la ciudad, acordar su elevación a la condición de pueblo, naciendo así El Pueblo de Diana. Ahora bien, lejos de significar el fin de los conflictos con sus vecinos amurallados, supuso un agravio de la situación que impidió que el municipio perdurara hasta nuestros días.

Si nos fijamos en el callejero que sobrevive, y como nos hace ver el historiador Javier Calvo, se puede observar una gran concentración de plazas en el barrio de Baix la Mar. Entre sus calles cada poco das con un espacio más cómodo donde hoy reinan terrazas y antaño, se intuye, socializaban sus vecinos. No es ninguna casualidad, en el barrio celebraban la devoción a sus santos con muchas fiestas que todavía alguna perdura a día de hoy. De hecho, el germen de los Bous a la Mar nace ahí. Se podría decir, entonces, que era un vecindario muy festivo, más dado al jolgorio que en el interior de la muralla. No obstante, asumimos que pocas celebraciones hubo como la de la noche del 7 de agosto de 1837.

Dentro de los muros poca fiesta habría aquella noche. Los dirigentes de lo que quedó de Dénia, representantes de aproximadamente 2.000 habitantes, empezaron pronto a planear su respuesta para lograr que diera marcha atrás aquel dictamen de la Diputación y recuperar la ahora Diana y sus casi 1.000 vecinos. ¿Cómo lograrlo? ¿Recurrir a la opresión? ¿Tal vez al bloqueo? ¿Guerra? ¿Invasión? Javier Calvo, quien nos ha ayudado a entender esta etapa del siglo XIX, apunta a una actitud mucho más deniera: «el me'n fot».

Efectivamente, la respuesta de Dénia fue ese me'n fot, ese pasotismo, o ese ghosting que decimos ahora que nos hemos conectado al mundo para buscar expresarnos como los de fuera para entendernos con los de dentro. Pero lejos de ser una actitud de desidia, fue una estratagema brillante con la que hicieron la vida imposible a Diana, y sentenciaron su muerte.

La Diputación fijó una reunión entre municipios para delimitar los nuevos términos municipales. La respuesta de Dénia no existió. A la vez que ignora cada orden, enviaba una avalancha de reclamaciones a instituciones provinciales y nacionales para exigir la reunificación del término.

El municipio sin tierras

Aunque fue imposible acordar un pacífico repartimiento del término, Calvo dio en su investigación con las claves que podrían dar una idea de cómo quedó dividida. Dénia se quedó con el grueso y toda la ciudad rodeada por la muralla, a Diana le correspondió, como era de esperar, poco más que Baix la Mar.

No obstante, si no está establecida la limitación de cada término los problemas se disparan. Uno de los principales objetivos tras la independencia era lograr aquellos servicios que Dénia había apartado de los vecinos del barrio marinero, concentrándolos todos dentro de las murallas. Pero sin establecer el límite del término municipal no se podían imponer los tributos con los que costear los ansiados servicios. Para colmo, al carrer Senieta golpeaba una epidemia de tercianas que no lograban controlar porque la Junta Local de Sanidad pertenecía a Dénia, así como la responsabilidad de desecar las aguas estancadas de una marjal próxima que estaba provocando la enfermedad. ¿La respuesta de Dénia a las súplicas de Diana para que se hiciera cargo? Me'n fot.

Pasó un año y la desilusión con su nueva situación era innegable. Todo lo que querían lograr con aquella independencia seguía estando lejos de ser una realidad debido al interesado desinterés que mostraba Dénia para hacer efectiva la emancipación. La Diputación volvió a exigir una reunión entre los ayuntamientos de ambos municipios en noviembre de 1838 para efectuar el deslinde. Dénia volvió a ignorar toda orden logrando así el principal fracaso de Diana, pues sin término municipal sobre el papel carecían de jurisdicción en su propio pueblo.

El inevitable fracaso de la independencia

Claro que hubo más escollos que sumados provocaron el fin de El Pueblo de Diana. Su principal motor económico era el mar, sin embargo la capitanía del puerto no lograron arrebatársela a Dénia, como esperaban. Tampoco consiguieron la protección que buscaban viviendo fuera de las murallas en una época tan convulsa con la creación de dos compañías de la Milicia Nacional, pues pese a pedir 250 fusiles y muchos sables para defenderse de posibles ataques, las informaciones recabadas por Javier Calvo apuntan a que nunca llegaron. Pero fue la falta de término lo que puso fin al sueño de independencia. Diana era un pueblo sin calles propias.

En mayo de 1839, no llega a dos años después, la aventura de Diana llegó a su fin. La insistencia de Dénia fue escuchada y, aludiendo a que varios motivos que empujaron a la separación ya no existían, lograron que se diera el visto bueno a la reabsorción del breve municipio marinero. ¿Qué sentido tenía la independencia cuando ya no existía una separación física cuando las nuevas edificaciones habían provocado la unión del callejero?, señalaban desde Dalt Dénia. ¿Qué sentido tenía la independencia si no podían mandar sobre su propio suelo?, harían lo propio desde Baix la Mar.

Además, gran parte de la población marinera, que seguro también participaron años atrás de los festejos para celebrar la independencia de Diana, deseaban volver a unirse a sus antiguos vecinos de intramuros. Fue difícil digerir tanto fracaso seguido. La real orden que llegó el 2 de mayo de 1839, motivada por el enésimo informe de Dénia (esta vez más minucioso que nunca), volvió a unir la ciudad.

Pese a que pueda entenderse como una derrota del barrio marinero frente a Dalt Dénia, lo cierto es que su situación salió reforzada de aquel conflicto en muchos términos. Para empezar, lograron hitos tan necesarios para un barrio de aquella dimensión como la posibilidad de poder celebrar sus propios mercados y ferias semanales, independientes de las que tenían lugar dentro de los muros. Además, se ofreció la oportunidad de disponer de una alcaldía pedánea, aunque nunca llegó a nombrarse. Pero, sobre todo, destacó el sentimiento de unión entre aquellos vecinos que vivían junto al puerto y que crearon una sociedad paralela propia, con unas costumbres y celebraciones que han trascendido casi dos siglos después para seguir formando parte de Baix la Mar hoy en día.

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