OPINIÓN | Gent de Dénia
La política española lleva demasiado tiempo instalada en una dinámica de enfrentamiento permanente. Ya no parece suficiente defender unas ideas: hay que atacar las del contrario. Ya no basta con discrepar: hay que descalificar. Y cada vez con más frecuencia se intenta convencer a la ciudadanía de que quien piensa diferente es una amenaza.
Esto no es sano. Y no debemos normalizarlo.
La confrontación permanente no mejora nuestras pensiones, no reduce el coste de la vivienda, no mejora nuestros servicios públicos, no genera empleo ni hace que nuestros impuestos estén mejor gestionados.
Solo consigue una cosa: dividir a la sociedad.
Y una ciudadanía dividida, enfrentada y permanentemente enfadada es mucho más fácil de manipular.
Lo estamos viendo ya en redes sociales. El proceso electoral acaba de comenzar y ya aparecen mensajes destinados a provocar, a sembrar miedo, a enfrentar a unos ciudadanos con otros y a convertir las diferencias políticas en auténticas trincheras.
Desde Gent de Dénia no vamos a participar en eso.
Discrepar forma parte de la democracia. Defender proyectos diferentes también. Pero convertir al adversario político en un enemigo al que hay que combatir no debería formar parte de ella.
Creemos que la política debería servir para encontrar soluciones, no para crear enfrentamientos.
Porque las necesidades de los ciudadanos siguen ahí, independientemente de quién gobierne o de quién piense diferente.
Y lo que necesitan son respuestas, no más confrontación.






