El silencio en el número 15 de la calle Patricio Ferrándiz tiene un peso distinto al de cualquier otro local comercial vacío. No es el silencio aséptico de una oficina o de una tienda de ropa que cambia de temporada. Es el silencio de los objetos que ya no suenan, de los pasillos que antes bullían con el nerviosismo de la víspera de Reyes y que hoy solo acumulan el polvo de una despedida anunciada. Juguetilandia, la tienda que durante décadas fue el epicentro de la ilusión infantil en Dénia, ha cerrado sus puertas para siempre.
En la fachada, un cartel frío y directo resume la capitulación: «Cerrado». Debajo, una invitación que suena casi a ironía para los vecinos del barrio de París Pedrera: los clientes son instados a visitar la tienda más cercana, situada a 60 kilómetros de distancia. Esa distancia es, sencillamente, el fin de una era.
La decadencia no llegó de golpe, sino que fue un proceso de erosión lenta, casi imperceptible para el que pasaba de largo. Hace años, la superficie del local se redujo sensiblemente, un movimiento táctico que ya dejaba entrever las dificultades de un mercado que empezaba a desplazarse hacia las pantallas y los grandes almacenes de las afueras. Los escaparates, que antes eran el imán de todas las miradas infantiles, empezaron a perder el brillo y el cuidado de antaño, hasta que las luces se apagaron definitivamente este mes.
El peso de una herencia de madera y hojalata
Para entender qué significa esta pérdida, hay que mirar más allá de la marca comercial. Juguetilandia es el rostro visible de Juguetes Pastor S.L., una empresa familiar alicantina que nació formalmente en 1987, pero cuyas raíces se hunden en la tradición juguetera más profunda de la provincia. Su desembarco en Dénia fue, en su momento, un movimiento natural: la ciudad no era una desconocida para este sector.
Dénia fue, a principios del siglo XX, una potencia en la fabricación de juguetes de madera y hojalata. Aquella industria permitió a la ciudad diversificarse cuando el negocio de la pasa entró en crisis. Por eso, que la tienda de referencia durante muchos años en el núcleo urbano baje la persiana tiene un componente emocional y simbólico muy fuerte.
La marca intentó adaptarse. En 2013 lanzaron el formato «Juguetilandia Junior», locales de menor tamaño pensados para los centros de las ciudades, pero la realidad del comercio de proximidad ha terminado por imponerse. A pesar de contar con una de las plataformas de comercio electrónico más potentes de España y de trabajar con gigantes como LEGO o Playmobil, el local físico de Dénia no ha podido resistir el empuje de un cambio de hábitos que favorece la compra impersonal desde el sofá de casa.
París Pedrera: un barrio que busca su norte
El cierre de Juguetilandia deja un hueco doloroso en la trama urbana, especialmente en el barrio de París Pedrera. Este distrito, que en los últimos años ha sido objeto de diversos planes de reurbanización y dinamización comercial, parece no terminar de encontrar la fórmula para retener a sus negocios históricos. La calle Patricio Ferrándiz, una de las arterias principales de la ciudad, ve cómo el que fue por un tiempo uno de sus pilares se desmorona, dejando un local de más de 600 metros cuadrados huérfano de actividad.
Los esfuerzos municipales por «hacer barrio» chocan con una realidad económica tozuda. Los proyectos de mejora de las aceras buscan crear un entorno más amable, pero cuando los comercios que actúan como locomotoras —esos que atraen a gente de otros puntos de la ciudad— desaparecen, el riesgo de desertización comercial se vuelve real.
No es solo que no podamos comprar un juguete; es que la calle se queda más oscura, hay menos vida. El abandono progresivo de los escaparates en los meses previos al cierre ya era un síntoma de que la gestión estaba enfocada en otros puntos geográficos, dejando a Dénia como una pieza que ya no encajaba en el puzle de la rentabilidad.
Hoy, el catálogo de la empresa se ha diversificado hacia piscinas, material escolar y mobiliario de jardín, buscando sobrevivir en un entorno globalizado. Pero esa diversificación se queda en la nube o en las grandes superficies de 2.000 metros cuadrados situadas en parques comerciales. En París Pedrera, lo que queda es el vacío.
La ausencia de Juguetilandia obliga a los padres y abuelos dianenses a una logística distinta. El comercio local de juguetes dentro del casco urbano queda ahora reducido a espacios mucho más pequeños o a secciones dentro de supermercados, perdiéndose esa atmósfera de «paraíso de los juegos» que solo las grandes jugueterías especializadas sabían crear. La desaparición de este local es, en definitiva, un capítulo más en la transformación de una ciudad que, poco a poco, va perdiendo sus señas de identidad más cotidianas.
Aquellos que hoy son adultos y que un día entraron de la mano de sus padres a elegir su primera bicicleta o aquel muñeco que tanto desearon, miran ahora con nostalgia una persiana que ya no volverá a subir. El juguete, en Dénia, parece querer regresar a las páginas de los libros de historia, dejando las calles huérfanas de esa ilusión que, por un momento, nos hacía creer que el tiempo se podía detener entre estantes llenos de colores. No era la última tienda de juguetes, pero sí deja un vacío enorme que choca de lleno con la nostalgia de muchos.
El futuro de París Pedrera es ahora una incógnita. Se habla de nuevos proyectos de dinamización, de atraer franquicias de otros sectores o de fomentar el emprendimiento local. Sin embargo, para muchos, ninguna propuesta podrá llenar el hueco de aquella tienda que durante décadas fue, sencillamente, el lugar donde comenzaban los sueños cada mes de diciembre.








Una pena. Llevo residiendo en Dénia desde hace 12 años y está tienda era como de “casa”, para Reyes Magos, cumpleaños, bautizos, etc. . L@s emplead@s que atendían, lo hacían con una empatía, verdad, cariñosos y sin invadir. Algo pasa (y sabemos lo que es) con estas tiendas que “desaparecen”. En fin !! Suerte!!