El salón de plenos del Ajuntament de Dénia se ha quedado pequeño esta tarde. Muy pequeño. Vecinos, representantes de asociaciones, antiguos concejales de legislaturas pasadas y alcaldes de la Marina Alta se han agolpado para presenciar la renuncia oficial de Vicent Grimalt, que deja la alcaldía tras 11 años al frente del municipio. Un adiós institucional que cumple con el pacto de gobierno firmado entre los socialistas y Compromís, abriendo paso a un nuevo ciclo político en la ciudad.
Grimalt se despide saludando al público y agradeciendo el cariño recibido tras 11 años de mandatoEl ambiente estaba cargado de emoción y no cabía un alfiler en las bancadas del público, donde también se encontraban representantes del Consell del Botànic, como Francesc Colomer y María José Salvador, la oposición al completo y la familia del ya exalcalde. La sesión extraordinaria ha seguido un orden protocolario estricto. Primero ha tomado la palabra Mario Vidal, portavoz de Gent de Dénia, con un extenso discurso en el que ha aprovechado para criticar varios proyectos que no se han llevado a término. Más tacto han tenido los otros portavoces de la oposición que se han limitado a la despedida. Tanto Félix Redondo, desde Vox, como Pepa Font, desde el PP, han aprovechado sus intervenciones para mostrar sus buenos deseos de cara al futuro, aunque en el caso de Redondo sin renunciar a lanzarle un último dardo envenenado aludiendo a la supuesta «paz que deja». Font, por su parte, ha recordado las veces en las que sí han trabajado juntos y se han puesto de acuerdo, y ha insistido en que la política es provisional, que lo que cuenta son las personas.
Durante su turno, Rafa Carrió, portavoz de Compromís y próximo alcalde de Dénia, ha destacado la dedicación para liderar el municipio, así como el sacrificio personal y el mucho esfuerzo que supone. Lejos de esconder las diferencias, Carrió admitía con total naturalidad que para nadie es un secreto que Compromís y el PSPV han mantenido profundas discrepancias políticas a lo largo de estos años. No obstante, ha puesto en valor que ambas formaciones han sabido trabajar conjuntamente por el municipio. Defendía que, a pesar de representar modelos de ciudad distintos, los dos partidos han compartido siempre un único y supremo objetivo: conseguir lo mejor para Dénia.
Un modelo de ciudad pensado para los peatones
Grimalt ha tomado la palabra sin disimular la emoción, reconociendo que, aunque no es muy amigo de la nostalgia, hoy nada era tan simple. Ha echado la vista atrás para defender un proyecto que ha transformado el municipio durante la última década. En su discurso, ha sacado pecho por el cambio de modelo urbanístico y la peatonalización del centro urbano. Espacios como Arxiduc Carles, la Glorieta o Valgamedios han centrado su intervención, recordando que las ciudades deben ser para las personas y no para los coches, una línea que ya inició en su día Paqui Viciano. Tampoco se ha olvidado de las inversiones en educación a través del Pla Edificant, como el nuevo colegio de La Xara o el aulario del Pou de la Muntanya.
Pero no todo han sido flores. Grimalt ha pedido disculpas, «con el corazón en la mano», por los errores cometidos y los proyectos que se han quedado en el tintero. También ha recordado los peores momentos del mandato, como el temporal Glòria, la DANA o la crisis de la pandemia, donde ha alabado la unidad que mostraron todas las fuerzas de la corporación para salir adelante.
Raíces políticas y una petición para el futuro de Dénia
La política le viene de familia. El exalcalde ha recordado con orgullo a su abuelo Vicent, alcalde republicano durante la Guerra Civil, y a su padre, que también fue concejal del PSOE. Con el respaldo de los miles de votos que le otorgaron incluso una histórica mayoría absoluta en 2019, Grimalt ha agradecido el esfuerzo de sus concejales, de los trabajadores municipales y, sobre todo, el apoyo incondicional de su familia, que afirma que ha sido su refugio durante este tiempo.
El cierre de su intervención ha dejado un mensaje político claro y una advertencia contra el odio y la intolerancia. Ha lanzado un ruego directo a los concejales de todos los partidos: que trabajen por lo que la gente necesita de verdad. Ha recordado que, más allá de infraestructuras como el tren desde Gandia, la prioridad deben ser los servicios sociales. Ha puesto el foco en la necesidad de una segunda residencia para los mayores, el nuevo instituto de formación profesional, la apertura del CRIS y el CEEM de la Pedrera, y un trato digno para el Centro Ocupacional de La Xara y APROSDECO. «No perdamos nunca de vista lo que nuestra gente necesita», ha concluido antes de despedirse de los vecinos con un rotundo «¡Nos vemos por Dénia!», al que le ha acompañado una larga ovación que ha resonado desde el que hasta hoy ha sido su salón de plenos.












