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Ser redero en Dénia: un oficio artesanal en extinción

Paula Márquez Bonet

Periodista
26 de octubre de 2024 - 08:00

Pablo Romero teme que la suya sea la última generación de rederos en Dénia. El dianense comenzó en el oficio hace 22 años, como herencia familiar. De pequeño ya acudía al puerto a observar y a ayudar a su padre y su abuelo.

Ahora, en pleno 2024, cree que no habrá un relevo de nuevos jóvenes que ejerzan este tipo de trabajo, ya que no conoce a ninguno apasionado por el tema. En este artículo, Pablo cuenta a Dénia.com los secretos de este arte, sus encantos y sus desventajas y cómo es dedicar su vida a ello.

Cómo es el oficio

El oficio de redero ha estado originalmente ligado a las mujeres, históricamente eran las esposas de los pescadores las encargadas de fabricar y reparar las redes. Aunque sigue siendo un sector mayoritariamente femenino en algunas partes de España, en Dénia predomina la presencia de hombres.

Pablo explica que las empresas rederas son normalmente «pequeñas, familiares y de toda la vida», pasando de padres a hijos. El entrevistado trabaja junto a otro compañero en el negocio familiar. Para ejercer el arte son imprescindibles aguja y navaja. «Si tienes que hacer alguna costura o trenza, pues ya empleas un pasador, pero, para remendar, aguja y navaja, no necesitas más», dice.

¿Cómo se aprende a coser? Al no haber un curso específico sobre este oficio, el entrevistado da la clave para dominar la confección: «Es echarle horas y tener interés».

La forma de empezar es partiendo de la compra de la red en la fábrica y ellos confeccionan el arte entero. El experto indica que los tipos de redes son de de plástico y nylon mayoritariamente. Además, por otra parte, se dedican a reparar redes en caso de rotura, que pueden desgarrarse al enredarse algún objeto en ellas, por ejemplo.

Por ello, no hay un volumen fijo de redes a reparar o confeccionar, sino que depende de cuánto salgan los pescadores y si las redes se dañan o no, con una cantidad aproximada de dos o tres artes por embarcación.

«El tiempo de confección depende si es un arte pequeño o es un arte grande. Si es un arte grande, pues lógicamente tardarás un poquito más, a lo mejor en dos o tres días en caso de no tener faena de agujeros o averías aparte», comenta el dianense.

Pros y contras de la profesión

La mayor dificultad que pueden encontrar los rederos es la inestabilidad al depender de terceros: «A lo mejor llega la semana y no cobras nada, o cobras mucho. Este mes, por ejemplo, estamos de veda (un determinado tiempo en que está prohibido pescar), la Unión Europea exige normativas, como los paros biológicos», expone Pablo.

Además, los que se dedican a estas artes deben soportar todo tipo de condiciones meteorológicas: duros inviernos con humedad y, por el contrario, altas temperaturas y sol en los veranos.

Sin embargo, el redero comenta que, por otra parte, el mayor beneficio es que pueden trabajar al aire libre, además de que mantienen vivas las raíces de Dénia.

Nuevas generaciones

¿Cómo fomentar el oficio entre nuevas generaciones? Pablo piensa que podría hacerse impulsando clases, talleres o cursos en el futuro centro de formación profesional Gent de Mar. «Hay que tener un sitio también para que la gente pudiera estudiar marinería, estudiar para patrón de barco…», añade, ya que expone que cada vez hay menos patrones jóvenes.

«Creo que seré de los últimos en este oficio. Esto tiene que ver más con devoción que otra cosa. La verdad que es una lástima», concluye.

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Clasificado en: Sociedad, Pablo Romero, pesca
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