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Los gigantes de bronce regresan a Dénia: el campanario de la Asunción recupera su voz tras el gran susto de marzo

J. Justo Moncho

Periodista
29 de junio de 2026 - 10:05

El silencio forzoso que arrastraba el centro histórico de Dénia desde principios de marzo encara sus últimas horas. Las cinco campanas de la Iglesia de la Asunción afrontan este lunes la fase definitiva para regresar a lo alto de la torre, justo a tiempo para los días grandes de la Festa Major de la Santíssima Sang. Atrás queda el susto monumental de aquel viernes de invierno en el que la pieza mayor se descolgó de su sitio, amenazando con caer al vacío y obligando a desalojar la plaza por pura seguridad.

Los bronces regresaron al municipio a finales de la semana pasada tras pasar cuatro meses en los talleres de la empresa especializada Electro Recamp, en Atzaneta. Durante el sábado y el domingo, el vecindario pudo contemplar las piezas de cerca, expuestas a ras de suelo en la plaza de la Constitució. El cambio estético salta a la vista. Los técnicos han retirado los antiguos y perjudiciales herrajes de hierro instalados en la reforma de los años ochenta, completamente corroídos, y los han sustituido por nuevos yugos de madera de encina. Este material amortigua el impacto del volteo y protegerá la estructura interna del campanario de cara al futuro.

Una compleja maniobra que se prolongará durante todo el lunes

La jornada del domingo dejó una estampa difícil de repetir. Aprovechando el traslado de la Santíssima Sang desde el convento de las Agustinas, las campanas recibieron la bendición litúrgica. Poco después, se procedió a un emocionante volteo manual en plena calle. Los vecinos escucharon la vibración limpia del bronce a escasos metros de distancia, un preludio del trabajo técnico que se ejecuta a lo largo de la jornada de hoy con una grúa de grandes dimensiones.

Subir las estructuras al campanario, situado a unos treinta metros de altura, requiere una precisión casi milimétrica. La operación consiste en elevar los 1.425 kilos de la Maria de la Victòria y sus cuatro compañeras menores para introducirlas de lado por los estrechos vanos de la fachada. Es un proceso lento. De este modo se devolverá la normalidad a una torre que se quedó completamente vacía por primera vez en ochenta y cuatro años, cuando las grietas en los soportes oxidados hicieron temer un desprendimiento inminente que incluso obligó a suspender la Crida de las Fallas en su ubicación habitual.

Memoria viva y un reencuentro familiar

La exposición pública de las piezas durante el fin de semana ha servido también para reconstruir un trozo de la memoria sentimental de Dénia. Entre las personas que se acercaron a tocar el metal restaurado se encontraban los descendientes directos de la familia Calabuig. Esta saga local financió de su propio bolsillo la fabricación de las dos campanas más pequeñas del templo en la posguerra. En mayo de 1942, los hermanos Francisco y Joaquín Calabuig Doménech, al frente de la conocida fábrica de juguetes IAUCCA, encargaron estas piezas a la fundición de Roses Hermanos, en Silla, para cubrir el vacío que dejó la destrucción de los bronces originales durante la contienda civil.

Ochenta y cuatro años después de aquella donación, los nietos de los industriales pudieron fotografiarse junto a La Concepción, una pieza de 80 kilos que lleva grabados los nombres de los hijos del fundador, y San Joaquín, que alcanza los 154 kilos. El coste total de ambas en la época fue de 4.356 pesetas, calculadas estrictamente por el peso del material y el valor de los herrajes de encina de entonces. Como el resto del conjunto, estas piezas conservan bien visible la inscripción con la palabra «DENIA» en el borde. Una marca obligatoria en aquellos tiempos que buscaba evitar que las campanas se perdieran o se confundieran en futuros conflictos. Con los trabajos de izado en marcha, la fisonomía urbana y sonora de la localidad se prepara para recuperar su identidad de siempre.

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