En toda localidad costera debe haber un punto de luz, un faro que guíe a los navegantes en el camino. En Dénia, este lugar fue la Faroleta, con dos ubicaciones diferentes a lo largo del tiempo, acompañó a los marineros durante más de un siglo.
Origen y transformación de la Faroleta
Hasta el siglo XVIII, los naufragios eran muy frecuentes en Dénia, con una media de 1,2 por año. ¿A qué se debía esto? El problema era que la entrada al fondeadero interior estaba situada entre dos rompientes y en días de temporal las embarcaciones corrían un gran riesgo debido a la falta de visibilidad, ya que parte de las marcas de la enfilación estaban situadas en el Montgó, generalmente cubierto de nubes en esas ocasiones.
Cansados de esta situación, en 1858 desde el Ayuntamiento de Dénia reclamaron una solución al Ministerio de Fomento una solución. Esta última entidad ordenó la redacción de un proyecto que consistiría en un conjunto de luces de enfilación. Estas consisten en dos o más estructuras separadas que disponen de luces alineadas cuando se ven desde el centro de un canal o desde lo más profundo de una ruta a lo largo de una sección de un canal. Una de ellas se situaría en un edificio que pasaría a llamarse la Faroleta.
Eduardo O'Kelly, ingeniero de caminos, canales y puertos, se hizo cargo y redactó el documento el 20 de diciembre de 1860: la solución consistía en dos luces rojas superpuestas. De estas, la posterior se situaba en una caseta de servicio (la antigua Faroleta) de forma más elevada a la altura de las actuales vías del TRAM; la luz avanzada (más baja) se encontraba en una torre junto a las antiguas murallas. El presupuesto del proyecto fue de 72.919 reales de vellón.
En 1864 se habían terminado las obras, aunque hasta un año después no llegó el funcionario encargado de su puesta en marcha. Este tenía un sueldo de 435 reales mensuales.
Con la construcción de la nueva estación de ferrocarril Dénia-Alicante, hubo que trasladar la ubicación y el antiguo edificio se sustituyó por la Nova Faroleta a partir de 1914. Esta pasaría a situarse en el Grupo Mariners (en la Calle Dr. Manuel Muñoz) y posee unas dimensiones de 109’95 m² de superficie interior y una parcela total de 600 m².
Fue en aquel momento cuando se adelantó también la luz avanzada mediante un espigón de escollera de unos 100 m de longitud. En su extremo se construyó una torreta y las primitivas linternas fueron sustituidas por otras de petróleo.
Con el paso del tiempo y las nuevas tecnologías, la Nova Faroleta quedó en el olvido. Como menciona Manolo Giménez, encargado del edificio en su último periodo de uso (hasta 2012), la enfilación como tal ya no se emplea, sino que en la actualidad se usa una luz de sectores que baliza la entrada del puerto.
Los últimos testigos de la Faroleta
«Francisco García Ors, mi padre, trabajaba en la Faroleta (la nueva). Vivía allí y se ocupaba de que funcionasen las instalaciones de luces del puerto. No había nada de particular, era un servicio que no daba mucho trabajo, solamente se encendía al anochecer y se apagaba al amanecer», explica Paco García.
Paco cuenta cómo, tras la coordinación de las luces de Dénia con las del faro del cabo de San Antonio, su padre tuvo que trasladarse a vivir a este último y dejó las instalaciones dianenses.
Por su parte, Manolo Giménez estuvo viviendo en la Faroleta junto a su familia desde 1980 al 2012, año en que dejó de necesitarse personal. «Ese era uno de los trabajos que realizaba. Realmente lo llevaba mi mujer, porque yo llevaba más bien todos los faros de la provincia y mi mujer llevaba, aparte del de Cabo de San Antonio y la inspección de esta zona, el servicio de enfilación del puerto de Dénia», comenta.
El experto expone la importancia de la enfilación del puerto de la localidad dianense, dada la dificultad para entrar al puerto debido a su estrechez.
Aunque su oficio era de lo más tranquilo nunca se le olvidará la Nochebuena del 80 como farero: «Tuvimos una avería. Antes de empezar a cenar me tuve que bajar al puerto de Dénia a reparar una de las luces. En aquella época íbamos con barcas de remo. Tuvimos que ir con barca, con un temporal de narices y repararla con bastante complejidad y peligrosidad», cuenta Manolo.
«Yo fui el último que estuvo trabajando allí, después se ha automatizado y ya no vive personal ni nada. Está cerrado», dice, y reflexiona sobre el oficio de farero: «La sociedad avanza y el técnico de señales marítimas parece que va a desaparecer como funcionario del Estado porque, en cuanto nos jubilemos todos, las empresas van a llevar el mantenimiento… pero las señales van a seguir funcionando».
Futuro de la Faroleta
En 2023, el alcalde de Dénia, Vicent Grimalt, y la exconcejala de Transición Ecológica, Maite Pérez Conejero, presentaron un proyecto para convertir la Nova Faroleta, caída en el olvido, en un centro de interpretación del mar.
La idea consiste en la rehabilitación del edificio, pasando a contener dos espacios diáfanos para exposición. Uno de estos, el más grande, será también sala de proyecciones. Además, aquí se ubicará la sede del Servei Ambiental Marí i de Pesca.
Por otra parte, el jardín se usará como una simulación de los fondos marinos, con maquetas a tamaño real de los principales cetáceos y también se expondrá una exhibición de aparatos de pesca antiguos y actuales. Asimismo, se realizarán actividades como la reparación de redes o talleres culinarios.
Este es el futuro que le espera a este icónico lugar de Dénia cuyo proyecto todavía espera ser financiado para darle una nueva vida al edificio.
Ubicación
La ubicación de la Nova Faroleta se encuentra en el Grupo Mariners (en la Calle Dr. Manuel Muñoz).
Por su parte, la Antigua Faroleta se sitúa junto a las vías del TRAM, por lo que se puede divisar desde la estación.
Fuentes
La información histórica sobre la Faroleta ha sido extraída del libro El Puerto de Dénia. Una ilusión de progreso, de Juan Ferrer Marsal.
Además, se ha contado con los testimonios de Paco García y Manolo Giménez para conocer la información más reciente sobre la Nova Faroleta.













Más allá de su función y parte técnica, su escenario ha sido icono de la infancia para quienes nacimos allí. Mi madre a sus 91 años y vecina lindante de la casa desde el minuto cero, me cuenta su historia con todos los fareros que la habitaron. Ha sido una pena y molestia para sus cercanos vecinos, su polémico abandono en los últimos años. Esperemos que se lleve a cabo este proyecto de museo sin interferir para ello y respetando inmensamente la tranquilidad y enorme esencia del barrio, único en Dénia, joya De Dénia