Marqués de Campo es el corazón de Dénia y, como tal, en ella casi siempre reina el bullicio. Se trata de una de las zonas más altas del casco urbano, abrazando sus edificios a los transeuntes, ofreciéndoles sombra y un amplificador de los sonidos de la ciudad. También de aquellos que se generan cuando cae el sol, pues se trata de un lugar donde la vida nocturna reina desde hace años. Pero en 1934, en una calle Campo mucho más baja, el ruido no llegaba a los actuales decibelios. Ahora bien, a excepción del 30 de octubre, cuando asumimos una concentración alborotada en la puerta de uno de los locales de moda, lugar donde se celebraría un evento que paralizó la ciudad y la comarca: la elección de la última Miss Dénia.
Por aquel entonces, claro está, las participantes y los espectadores desconocían que ese certamen nunca más se celebraría. Nadie era consciente de que al cabo de dos años un golpe de estado obligaría a esconder esa mentalidad desmelenada que volvió a explotar en la Transición. Era un momento en el que se tenía que exprimir la democracia adquirida durante la Segunda República tras la también extremadamente conservadora dictadura de Primo de Rivera. La sociedad quería aprovechar su libertad, recuperar el tiempo perdido y volverse más europea. Un concurso de belleza de esta magnitud cumplía con todo aquello.
Hay menciones de Miss Dénias anteriores a esa época, pero poco ha quedado registrado. Lo que sí se sabe es que en octubre de 1934, antes de que existiera la figura de Reina de las Fiestas o de la Fallera Mayor, se eligió la última en un concurso abierto al público en el grandilocuente escenario que ofrecía el Teatro Circo.
El circo de Dénia
El Teatro Circo era un enorme local ubicado en una parcela que después ocuparía el Cine Condado, actualmente una discoteca, y el edificio que se levanta sobre él. Según los valiosos estudios publicados por el desaparecido periodista Vicent Balaguer, quien también investigó y publicó sobre la figura de Miss Dénia, el Teatro Circo se inauguró en la última década del siglo XIX para acoger, en un principio, espectáculos ecuestres. Con la aparición del cinematógrafo, se adaptó para poder albergar proyecciones y convertirlas en su principal reclamo. De hecho, en 1903 ya funcionaba, salvando las distancias, como un cine. También se construyó un enorme patio de butacas para acoger a varios centenares de personas. Era un teatro grandioso y elegante, el sitio de moda de entonces.
El martes 30 de octubre de 1934, en plena Fira i Festes de Tots Sants, las puertas del teatro se abrieron para dejar pasar a un público ansioso por presenciar un espectáculo que ya por aquel entonces se enfrentaba a detractores que lo tachaban de rancio. «Nosotros pensamos que no hay ranciedad, sino justicia, cuando exaltamos el respeto que a la mujer debemos», se podía leer en un artículo sobre el certamen publicado en el semanario La Sirena, que formaba parte de la organización del concurso.
Como fuere, esa noche se tenían que elegir a Miss Dénia y Miss Distrito, es decir, a la mujer más bella de Dénia y la de la Marina Alta. Era lo que esperaban ver los presentes, aunque una de las espectadoras, ajena al concurso, acabaría luciendo una banda. En lugar de los dos reconocimientos acordados, por tanto, acabaron siendo tres por una improvisación de última hora.
La más bella de Dénia y de la Marina Alta
Un grupo de hombres pertenecientes a la élite social de la localidad fueron los encargados de elegir a las ganadoras. Eran el alcalde, Agustín Montón, Francisco González, Juez de 1ª Instancia, Juan Alcaraz, ingeniero de las obras del puerto, José González, administrador de Duanes, los pintores Ramón Gutiérrez de los Santos y Arturo Vicent, Luís Sobrecases, odontólogo, el comerciante Emilio Romany, y José Mestre, director del mencionado semanario La Sirena. Frente a ellos, tras abrirse el telón, si es que lo hubo, desfilaron primero las participantes a Miss Distrito, cuya banda ganó, por unanimidad, la vecina de Pedreguer, nacida en Beniarbeig, Maruja Llopis Marsal.
Tras conocer a Miss Distrito, era el turno de Miss Dénia. El ambiente se iba animando y el jolgorio invadió todo el teatro. Las candidatas aparecieron bailando sobre el escenario para el deleite de los señores que formaban el jurado y del público que había acudido. Al final, tras la deliberación, fue Anita Tent Llácer quien lució la banda. Y no solo eso, sino que un año después, representando a la ciudad, se presentó en el certamen de belleza provincial y resultó ganadora, lo que supuso una gran alegría, y más excusas para festejar, en Dénia: Miss Provincia de Alicante era de la ciudad.
Fuera del guion: la ganadora del patio de butacas
No obstante, la noche del certamen dianense todavía deparaba sorpresas. Algunos miembros del jurado se fijaron en una joven, de 17 años, que había entre el público. Les llamó tanto la atención que decidieron crear un título a propósito para entregárselo. Fue idea de José Mestre, director del semanario cuyo nombre usó para crear ese nuevo título que presentaron como Miss Sirena. Este fue a parar a Ana Maria Oltra Bolta, anunciado el martes 30 de octubre junto a las otras dos ganadoras, pero cuya banda se entregó dos días después en otro evento creado a propósito. Una excusa para alargar la celebración en una época donde todo parecía motivar la fiesta.
Cuando los instrumentos dejaron de sonar aquella noche, se guardaron y nunca más fueron usados para un evento de este calado. Los años siguientes hubo poco que celebrar, y cuando regresó la democracia ya no había en esa Dénia, más moderna e igualitaria, cabida para los concursos de belleza.









