La causa saharaui vuelve a ocupar un espacio de debate y reflexión en la comarca. Esta tarde, a las 19:30 horas, Dénia acoge la cita solidaria «Menos minas. Más flores», una propuesta organizada por el colectivo We Through the Wall para acercar la realidad de este pueblo a través del arte, el cine documental y la palabra.
La iniciativa versa sobre un conflicto que parece congelado en los mapas, pero sigue muy marcado en las vidas de quienes lo sufren. La jornada arrancará con una exhibición fotográfica centrada en el impacto de la división del territorio. Justo después, la pantalla tomará el relevo con la proyección de Entre el cielo y la arena: hijos del exilio, una cinta que retrata a las generaciones que han crecido lejos de su tierra sin perder el arraigo.
Debate, memoria y el ritual del té
La cita no se quedará solo en el formato audiovisual. La activista Isidora Ramírez Garmendia ofrecerá la charla titulada Muros, un análisis centrado en las barreras físicas y geopolíticas que condicionan el día a día en la zona.
La guinda final la pondrá Yacub El Mami con un conversatorio abierto a la participación del público. Un espacio de diálogo que se acompañará con la tradicional ceremonia del té saharaui, pensada para compartir impresiones con calma, hacer preguntas y tender puentes desde la cercanía.







Marruecos es el único responsable de haber sembrado millones de minas antipersona a lo largo del Sáhara Occidental para consolidar su ocupación ilegal. El titular «menos minas y más flores» comete una flagrante injusticia al universalizar la culpa, pretendiendo que la solución depende de que «ambas partes» pongan flores, cuando en realidad hay un solo invasor que sembró el terror en la tierra saharaui.Esta distorsión es exactamente igual a la retórica de «abrazos, no balazos» de AMLO con los cárteles en México
Pedirle a marruecos que deje las minas y planten flores es como pedirle a un narco que plante flores.
Al igual que la estrategia de AMLO trataba con ambigüedad moral a los criminales y dejaba desamparadas a las comunidades mexicanas.
Las minas forman parte del infame muro de más de 2,700 kilómetros construido por Marruecos (el dispositivo militar activo más largo del mundo). Exigir «flores» en ese contexto es de un cinismo absoluto. Equivale a pedirle a los narcos que planten flores mientras estos sitian sus pueblos y controlan sus vidas con total impunidad debido a la inacción del Estado.
la estrategia de AMLO sigue siendo perfecta para demostrar la inutilidad de usar eslóganes poéticos frente a criminales y opresores.La falacia de pedirle empatía al opresor
Como españoles, sabemos perfectamente que Marruecos no responde a discursos de paz; responde a la fuerza y al interés. Un régimen que utiliza la inmigración ilegal como arma de chantaje contra las fronteras de Ceuta, Melilla y Canarias, y que expolia sin pudor los recursos naturales saharauis, no va a cambiar sus minas por flores por un llamado al idealismo. Exigirle “flores” al verdugo, en lugar de exigirle justicia penal y retirada inmediata, es una rendición disfrazada de progresismo.
El Sáhara Occidental no es una causa ajena para resolver con metáforas florales; es una responsabilidad jurídica e histórica directa de nuestro país, la potencia administradora de iure que abandonó a su suerte a los ciudadanos saharauis en 1975. Exigirle a Marruecos que «cambie sus minas por flores» es de una inocencia alarmante. Pensar que una autocracia expansionista va a desmantelar un muro militarizado de 2,700 kilómetros y millones de explosivos reales por un ruego estético es no entender la naturaleza del poder.