El Centre Social de Dénia se prepara para acoger este viernes una cita donde la comedia, la música y la franqueza más absoluta se darán la mano. Con motivo del 50 aniversario de la Falla París Pedrera, Juan Manuel Montilla, El Langui, aterriza en la capital de la Marina Alta con una propuesta que huye de los guiones cerrados para convertir el escenario en un espacio de diálogo cara a cara con los espectadores.
Ganador de dos premios Goya, referente del rap estatal con La Excepción, actor, director de cine y deportista de alta competición en boccia, el madrileño demuestra que no existen barreras cuando la pasión manda. A pocas horas de su actuación en el auditorio municipal, el artista se sienta con este periódico para analizar el poder de la risa, el esfuerzo del deporte adaptado y su necesidad vital de seguir pegado al papel sin perder la verdad.
PREGUNTA. Sobre el escenario te caracteriza un estilo sin rodeos. ¿El humor y la música siguen siendo las mejores herramientas para soltar verdades directas al público?
RESPUESTA. Sí, totalmente. Yo creo que el humor y la música tienen una cosa maravillosa, y es que te permiten hablar de temas muy serios sin tener que ponerte solemne. A veces una verdad entra mucho mejor con una sonrisa o después de una carcajada. Yo siempre he utilizado el rap para contar lo que veía, lo que vivía, lo que me cabreaba, lo que me emocionaba… y el humor exactamente igual. Además, cuando te ríes de determinadas situaciones también les quitas poder. Para mí son dos herramientas brutales para comunicar y, sobre todo, para conectar con la gente sin filtros.
P. Han pasado ya bastantes años desde los dos premios Goya por El truco del manco. Viendo todo el camino recorrido en cine y televisión, ¿en qué ha cambiado tu forma de afrontar un personaje o un proyecto audiovisual?
R. Pues seguramente ahora tengo más herramientas, pero intento conservar algo que tenía cuando hice El truco del manco: no perder la verdad. En aquel momento llegué al cine casi sin saber dónde me estaba metiendo y eso también tenía algo bonito, porque trabajaba mucho desde el instinto. Con los años vas aprendiendo la técnica, entiendes mejor una cámara, un guion, los tiempos, la construcción de un personaje… pero intento que todo ese aprendizaje no se coma la naturalidad.
Ahora también soy mucho más consciente de los proyectos que elijo y de qué quiero contar con ellos. Al final llevo muchos años en esto y cada vez me interesa más que detrás de un personaje, una película o cualquier trabajo haya algo que me remueva.
P. Este año has dado el salto a la dirección con el documental Ganas de vivir, presentado en el Festival de Málaga sobre la atleta Desirée Vila. ¿Qué te impulsó a ponerte detrás de la cámara y cómo fue reunir a nombres tan diversos como Vicente del Bosque, Irene Villa o Dani Rovira?
R. Tenía ganas desde hacía tiempo de ponerme detrás de la cámara y contar historias desde otro lugar. Y cuando conoces una historia como la de Desirée entiendes que hay cosas que merecen ser contadas. Pero no solamente desde la superación, que es una palabra que a veces utilizamos demasiado fácilmente cuando hablamos de discapacidad, sino desde la persona, desde sus decisiones, sus momentos buenos y malos y sus ganas de vivir, como dice el propio título.
Y conseguir reunir a personas como Vicente del Bosque, Irene Villa o Dani Rovira fue muy bonito porque cada uno, desde mundos completamente distintos, podía aportar una mirada diferente. Cuando un proyecto nace desde algo verdadero y la gente conecta con esa verdad, es mucho más fácil que quiera formar parte de él.
«Si mi visibilidad sirve para que un chaval con discapacidad quiera probar la boccia, bienvenido sea»
P. Además de los escenarios y los rodajes, estás compitiendo al máximo nivel en boccia, cosechando medallas internacionales y podios nacionales. ¿Cómo consigues encajar los entrenamientos de alta competición dentro de una agenda tan apretada?
R. Pues haciendo malabares, literalmente. Pero también porque la boccia se ha convertido en algo muy importante en mi vida. Cuando algo te apasiona encuentras el hueco aunque parezca que no existe.
La alta competición no entiende de que tengas un rodaje, una actuación o una conferencia. Hay que entrenar, hay que competir y hay que estar preparado. Así que intento organizarme para que los entrenamientos formen parte de mi agenda igual que cualquier otro compromiso profesional.
Y además tengo la suerte de contar con gente alrededor que me ayuda muchísimo. Pero sí, hay semanas que miro la agenda y pienso: “¿Quién ha organizado esta locura?”. Y luego me acuerdo de que he sido yo.
P. El deporte adaptado no siempre tiene el foco que merece. ¿Notas que tus resultados en la boccia están sirviendo para que mucha gente descubra esta disciplina?
R. Sí, y para mí eso es una de las cosas más bonitas que me está dando la boccia. Hay mucha gente que me conocía por La Excepción, por el cine, por la televisión o por otros trabajos y que ahora me escribe para preguntarme cuándo compito o dónde puede ver un partido de boccia.
Si el hecho de que yo tenga cierta visibilidad sirve para que alguien descubra este deporte, para que un chaval con discapacidad diga “hostia, yo también quiero probar eso”, o simplemente para que la gente empiece a valorar la boccia como lo que es, un deporte de altísima exigencia, estrategia, precisión y competición, pues maravilloso.
Yo entré en este mundo para competir y porque me enamoré del deporte, pero si además puedo ayudar a darle un poquito más de foco, bienvenido sea.
«El rap es mi casa; ahí estoy delante del papel y no hay personaje»
P. Con tanto ajetreo de agenda, ¿cuál es tu relación actual con la música?
R. La música sigue estando ahí siempre. Puede haber momentos en los que publique más, otros en los que esté centrado en cine, teatro, televisión o ahora también en el deporte, pero yo sigo escribiendo y sigo necesitando la música.
Además, para mí nunca ha sido simplemente un trabajo. Llevo muchísimos años utilizando canciones para ordenar cosas que tengo dentro de la cabeza. Y eso no desaparece porque tengas una agenda más complicada. Quizá cambia el momento en el que escribes o la manera, pero la necesidad sigue siendo la misma.
P. ¿Sigue siendo el rap la vía donde te expresas de forma más personal?
R. Sí. El rap es mi casa. Puedo actuar, presentar, hacer radio, dirigir, subirme a un escenario a contar historias… Pero cuando escribo una canción estoy yo delante del papel y ahí no hay personaje.
El rap me ha permitido desde muy joven contar mi barrio, mis contradicciones, mi discapacidad, mi familia, mis alegrías, mis cabreos, mis miedos… y hacerlo además con mi propio lenguaje. Por eso, aunque explore otros terrenos, siempre termino volviendo ahí.
P. En la radio, el cine o el monólogo tocas registros muy distintos. ¿En qué terreno te sientes más cómodo cuando quieres transmitir una idea sin filtros?
R. Probablemente encima de un escenario. Porque ahí no hay red. Tienes al público delante y sabes inmediatamente si lo que estás diciendo llega o no llega.
Y precisamente eso es algo que me gusta mucho del formato que voy a llevar a Dénia. No quiero que sea simplemente yo hablando y la gente escuchando durante una hora. Quiero que haya intercambio. Que alguien pueda levantar la mano, preguntarme algo sobre lo que estoy contando y que eso incluso nos lleve a otro sitio que no estaba previsto. Esa espontaneidad me encanta porque ahí aparecen cosas muy verdaderas.
«No quiero ir a Dénia a hablar solo; quiero que el público levante la mano y la noche nos lleve a un sitio no previsto»
P. ¿Es la primera vez que pisarás Dénia?
R. He estado por muchísimos lugares durante todos estos años y la Comunidad Valenciana la conozco bien por trabajo, conciertos, rodajes y actuaciones, pero Dénia va a tener en esta ocasión un significado muy especial porque voy por una celebración muy bonita: los 50 años de la Falla París Pedrera.
Que una entidad cumpla medio siglo significa que detrás hay generaciones enteras de personas manteniendo algo vivo, y me hace mucha ilusión que hayan querido contar conmigo para formar parte de ese aniversario.
P. ¿Qué se va a encontrar el público que llene el Centre Social el próximo 11 de septiembre?
R. Pues se va a encontrar algo que no es exactamente una conferencia, ni un concierto, ni un monólogo… pero que tiene un poquito de las tres cosas.
Voy a contar experiencias personales, situaciones a las que me he enfrentado durante mi vida, algunas más complicadas y otras absolutamente disparatadas, porque mi vida también tiene bastante de eso. Hablaremos de sueños, de prejuicios, de discapacidad, de caerse y levantarse, de oportunidades, de las veces que te dicen que no y de qué haces tú después con ese “no”.
Pero todo eso lo voy a mezclar con humor y con música. Iré interpretando algunas canciones mías que tienen relación con las historias que voy contando, porque muchas de esas canciones precisamente nacieron de esas experiencias.
Y hay algo que para mí va a hacer este encuentro todavía más especial: no vamos a dejar las preguntas para el final. El público podrá intervenir durante el espectáculo. Si estoy hablando de algo y alguien quiere preguntarme, comentar, discrepar o compartir una experiencia, adelante. Quiero que la gente que esté allí también forme parte de lo que suceda esa noche.
Por eso cada pase acaba siendo diferente. Hay una estructura, claro, pero nunca sabes del todo qué va a ocurrir cuando entra el público en la conversación.
Así que solamente puedo decirle a la gente de Dénia y de los alrededores que se anime, que venga con ganas de escuchar, de reírse, de emocionarse, de escuchar música y también de participar. Es una ocasión muy especial por el 50 aniversario de la Falla París Pedrera, estoy muy agradecido de que hayan contado conmigo y tengo muchísimas ganas de compartir esa noche con ellos.







