Las calles de Dénia parecen haber recuperado una calma que los datos oficiales se encargan de confirmar. Al caer el sol sobre el Montgó, la sensación de seguridad que se respira en el puerto o en las principales arterias comerciales no es solo una percepción subjetiva de quienes pasean por el litoral. El último informe del Ministerio del Interior sobre la criminalidad en el municipio durante el año 2025 arroja una conclusión clara: la ciudad es hoy un lugar donde la violencia extrema ha perdido terreno. Sin embargo, tras esa capa de tranquilidad, los números también advierten de una mutación en las formas de delinquir, donde el ingenio y el descuido ajeno han sustituido a la intimidación.
Dénia cerró el pasado ejercicio con un total de 2.485 infracciones penales, lo que supone un ligero descenso del 0,4% respecto al año anterior. Podría parecer una cifra estática, un simple estancamiento estadístico, pero es importante observar qué piezas se han movido dentro de ese tablero. Mientras que en 2024 la crónica negra todavía recogía episodios de máxima gravedad, el 2025 ha finalizado con una cifra que invita al optimismo: cero homicidios y asesinatos, tanto consumados como en grado de tentativa.
El ocaso del delito violento en la capital de la Marina Alta
Uno de los datos más llamativos de este balance anual es el desplome de los robos con violencia e intimidación. Si en 2024 se registraron 36 casos, el 2025 ha echado el cierre con apenas 20, lo que representa una caída del 44,4%. Esta reducción drástica sugiere que el delincuente que utiliza la fuerza física para lograr su objetivo está desapareciendo del mapa local o, al menos, se siente mucho más vigilado.
Esta tendencia se extiende también a los robos con fuerza en domicilios y establecimientos, que han descendido un 11,3%. El interior de las viviendas dianenses parece estar hoy un poco más a salvo que hace doce meses, pasando de 221 incidentes a 202. Resulta especialmente relevante el dato sobre la sustracción de vehículos, que ha caído un 52,4%, reduciéndose a menos de la mitad los coches o motocicletas desaparecidos en las vías públicas.
El teclado y el descuido: las nuevas fronteras de la inseguridad
Sin embargo, no todo son noticias positivas en el balance del Ministerio del Interior. El vacío que deja la violencia lo está llenando el oportunismo. Los hurtos se han consolidado como la infracción más común en el municipio, con 633 casos registrados en 2025, un aumento del 9,1% respecto al año anterior. Aquí no hay forcejeos ni amenazas; hay carteras que desaparecen en las terrazas, móviles olvidados en la playa o bolsas sustraídas en un momento de distracción en el supermercado.
Este tipo de criminalidad, menos grave desde el punto de vista penal pero muy molesta para el ciudadano y el turista, es el principal reto de las fuerzas de seguridad en la actualidad. Dénia es un polo de atracción constante, y donde hay flujo de personas, hay oportunidades para el descuido. Las cifras indican que el “amigo de lo ajeno” ha cambiado la navaja por la agilidad de manos.
Paralelamente, la delincuencia ha encontrado un ecosistema idóneo detrás de las pantallas. La cibercriminalidad sigue una tendencia ascendente, aunque moderada en el último año, con un total de 497 infracciones penales. Dentro de este apartado, las estafas informáticas son la reina absoluta, representando casi la totalidad de los ciberdelitos (462 casos). El fraude en compras online, el phishing o los engaños a través de aplicaciones de mensajería se han convertido en una amenaza cotidiana que no entiende de fronteras ni de patrullas en la calle.
Otro indicador que ha mostrado un repunte es el de los delitos contra la libertad sexual, que se mantienen en 24 casos anuales. No obstante, si se analiza el detalle, se observa que mientras las agresiones con penetración han bajado un 50%, el resto de delitos de esta tipología ha subido un 16,7%. Siguen siendo cifras inasumibles. Por otro lado, el tráfico de drogas también ha experimentado un ligero incremento del 8,3%, con 39 atestados policiales en 2025, lo que evidencia que la presión contra el menudeo y la distribución a pequeña escala sigue siendo una tarea pendiente en los barrios del municipio.
Finalmente, el balance de criminalidad de Dénia nos deja una fotografía de una sociedad que evoluciona. La ciudad se aleja de los episodios de violencia que marcan las portadas de los sucesos más truculentos para enfrentarse a una delincuencia de baja intensidad pero alta frecuencia. La seguridad ya no consiste solo en cerrar con doble llave, sino en desconfiar de un enlace sospechoso en el correo electrónico o en no perder de vista la chaqueta en una cafetería.








