OPINIÓN | GENT DE DÉNIA
La democracia no consiste únicamente en depositar una papeleta cada cuatro años. Consiste, ante todo, en respetar la libertad de cada ciudadano para decidir su propio futuro.
La democracia exige libertad, respeto, reglas claras y transparencia. Exige que cada persona pueda pensar, escuchar, comparar y votar sin miedo, sin presiones y sin que nadie intente manipular su decisión mediante el odio, la confrontación o las coacciones.
Porque el voto es libre y el ciudadano merece respeto. Siempre.
El ciudadano no es un soldado al que hay que movilizar contra un enemigo político. Tampoco es alguien a quien haya que decirle qué debe pensar, a quién debe rechazar o por quién debe votar.
Tiene criterio propio, capacidad para decidir y derecho a hacerlo en libertad. Y desde la política deberíamos confiar mucho más en él.
Desde Gent de Dénia defendemos unas elecciones limpias, sin trampas, sin juego sucio, sin manipulaciones y sin utilizar las instituciones ni los recursos públicos para favorecer intereses partidistas.
Que cada partido defienda sus ideas y sus propuestas. Que los ciudadanos puedan conocerlas, compararlas y valorarlas. Y que, al final, cada persona vote a quien considere mejor, sin presiones ni coacciones. Porque la decisión pertenece a los ciudadanos, no a los partidos.
Pero la responsabilidad democrática no termina cuando se cierran las urnas.
Quienes resulten elegidos deben recordar algo fundamental: gobiernan para todos, también para quienes no les han votado. Representar a la ciudadanía implica escuchar, respetar las diferencias y trabajar por el interés general.
La democracia no consiste en convertir cada elección en una guerra entre unos y otros. Consiste en competir con respeto, aceptar la voluntad de las urnas y entender que quien piensa diferente no es un enemigo.
Esa es la política que defendemos desde Gent de Dénia: una política que respete a las personas, confíe en su criterio y nunca olvide que la democracia debe estar al servicio de la ciudadanía.






