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Del garaje a las aguas de todo el mundo: el astillero subestimado en España que triunfa en Europa

21 de marzo de 2021 - 07:50

¿Conocéis ese actual magnate de la electrónica que empezó construyéndose un ordenador en el garaje de sus padres? ¿O el que en vez de utilizar ese aparcamiento para guardar un coche comprado decidió que serviría de nave para fabricarse el suyo propio, vendiendo actualmente miles en todo el mundo? Parece una coincidencia, pero muchas de las grandes historias de origen de compañías reconocidas y poderosas empiezan sus primeros pasos en el mismo escenario: un garaje donde hacer sus sueños realidad plantando una primera semilla.

Y esta historia no iba a ser menos que las demás, aunque solo acaba de comenzar.

Axel de la Hidalga soñaba con construirse su propio barco de recreo. Su "barco ideal", como él describe. Siempre le había atraído el mar y, pese a carecer de formación en construcción naval, decidió que podría conseguir crear un navío en su garaje que le permitiera disfrutar del mediterráneo sin necesidad de comprarlo. En internet consiguió unos planos con los que pudo empezar su obra. Tiempo después, de sus propias manos salió ese prototipo que daría inicio a una trayectoria de reconocimientos. Era 2015. Era el momento de probarlo en el mar. Y flotó.

La creación de un astillero

Axel vio el potencial de lo que acababa de crear y decidió mostrarlo al mundo. Concretamente, cargó su barco y se lo llevó a Francia para enseñarlo al mercado del país en un salón que allí se organizaba. Fue en ese lugar donde pudo reafirmarse al comprobar el interés suscitado entre los asistentes y viendo las propuestas de otros stands. Tenía mucho que ofrecer, pero ese primer prototipo estuvo pensado únicamente para que fuera ligero, con una estética más tosca sin todavía acabados finos. No obstante, sabía que podía mejorar su diseño para convencer al mundo de que, además de ágil y veloz, podía ser de lo más elegante.

Regresó a España y fue cuando se juntó con el empresario dianense Paco Pons, otro gran enamorado del mar, al cual le presentó su proyecto. Éste enseguida se subió al tren -o, mejor dicho, al barco- y fue cuando nació el astillero Sarch.

La empresa lleva desde hace 5 años creciendo sin parar. Creándose desde 0, cuenta a día de hoy con compradores de todo el mundo y con cada vez más interesados en los nuevos modelos que presentan. Pero la travesía ha sido dura, ya que no solo los barcos son artesanales en Sarch. Todo el proceso, tanto la construcción, la distribución y el marketing corre a cargo de ellos.

Reconocen que darse a conocer fue un proceso lento, pero el cual compensó ya que en Europa han conseguido hacerse un hueco en un mercado más amable a su oferta que el español.

Barcos españoles disfrutados en el extranjero

Los barcos de Sarch ya navegan las aguas de muchos rincones del globo, pero lo cierto es que donde menos presencia tienen es justamente en las españolas. ¿A qué se debe esto? Tanto Axel como Paco lo achacan a la cultura que tenemos aquí en cuanto a invertir el dinero. Los barcos de Sarch son de gama alta, con grandes acabados y materiales top. No obstante, el astillero apuesta por creaciones pequeñas, mucho más manejables y rápidas, de las que poder disfrutar en escapadas concretas.

Y ahí radica el problema con el mercado español. Aquí cuando se tiene dinero se gasta en metros. El tamaño sí parece importar en España. Cuanto mayor es el precio se cree que mayor debe ser el barco, porque tenemos tendencia a presumir de lo que tenemos, y cuanto más se vea mejor.

En cambio, mercados como el francés o el alemán son más conscientes sobre en qué vale la pena invertir el dinero. Su cliente mayoritario, que proviene de esos países, son gente ya experimentada, mayores de 50 años, y para nada primerizos en la compraventa de embarcaciones. Es más, normalmente son personas que eligen a Sarch para adquirir un segundo barco más de recreo.

Sus precios oscilan entre los 70.000 y los 100.000 euros, y sin embargo no son grandes, lo que desconcierta al cliente español, como decíamos. No obstante, venden también la comodidad de no depender de un amarre, pues es fácilmente remolcable, lo que fascina al resto de europeos que con ellos disfrutan un fin de semana en el mar y otro en el lago.

Además, pese a que no están pensados para la competición, la prensa especializada extranjera se ha rendido a su velocidad, habiendo destacado que se trata de barcos rápidos como el viento.

La empresa cuanta con una decena de trabajadores y, desde que arrancaron su aventura, han construido 17 embarcaciones en una nave escondida en el interior de la Marina Alta, en Pego concretamente, pese a la creencia de que en ese tipo de taller debería abundar el salitre, el sonido de gaviotas y el olor a mar. No, en Sarch huele a montaña.

Eso sí, puede que pronto deban reconsiderar dar el salto a una nave mayor ya que el mencionado éxito entre la prensa especializada extranjera y entre los foros de internet está haciendo que aumenten sus demandas a buen ritmo. Lejos queda aquel proyecto de garaje. Ahora navegan en aguas más profundas.

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