Butoni, L’Home del Sac, el Moro Mussa… la tradición valenciana recuerda a sus monstruos más allá de Halloween

La festividad de Todos los Santos ha importado, desde hace unos años, la tradición anglosajona de la noche de Halloween. El 31 de octubre, personas de todas las edades visten de manera terrorífica y disfrutan de una noche de miedo gracias a las numerosas actividades que se celebran en locales privados o de manera pública, como el caso del túnel del terror que propone el Ayuntamiento de Dénia.

Pero más allá de los zombis, los vampiros o las brujas, la tradición valenciana tiene también sus propios monstruos, los que sembraban miedo entre los más pequeños hace unos años y que ahora, gracias a diferentes iniciativas, regresan al imaginario colectivo.

Hace tan solo unas semanas, más de 800 escolares de Dénia pudieron disfrutar de la campaña de animación a la lectura sobre los monstruos a partir del libro La Maria no té por, de Francesc Gisbert. Esta campaña se llevó a cabo en el Centro Social, donde se instaló la exposición Els nostres monstres.

Allí pudieron descubrir a personajes como el Moro Mussa, un personaje tradicional de nuestra mitología del que se cuenta que viajaba acompañado por su gato negro y con una serpiente enroscada en su cuerpo.

También apareció en escena el Butoni, una especie de monstruo, o demonio, un personaje habitual en el bestiario del imaginario valenciano, que se dedica a hacer fechorías, y da miedo a los niños pequeños.

¿Y quién no recuerda al hombre del saco? Se dice que secuestra los niños metiéndolos en un saco. Se suele representar como un hombre que vaga por las calles con un saco en busca de niños perdidos. Es uno de los estereotipos de ser con la que se da miedo a las criaturas.

Entre los monstruos del bestiario valenciano destaca también la Quarantamaula, una criatura misteriosa, de origen demoníaco, un ser fantástico que servía para asustar a los niños y niñas cuando se portaban mal.

Y no hay que olvidar a los Gambosins, una especie de hombrecillos, aunque otro los consideran animalotes, que viven escondidos en los bosques que hay cerca de los pueblos. Les gusta acercarse al núcleos poblados para observar a la gente del pueblo e imitar sus gestos y acciones. También suelen acercarse a zonas de acampada o zonas con fondos y mesas para comer. Cuando encuentran a alguien se burlan de él. Unos dicen que tienen cola, otros que aúllan y bailan a la luna llena; y otros los consideran duendes caprichosos.

A ellos se suman Donyets, la Cuca Fera, l’Home dels Nassos, els Gegants o Les Bruixes. En definitiva, un recordatorio para sentirnos orgullosos de que nuestra tradición también tiene monstruos, historias y leyendas relacionadas con el miedo.

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