Son las 8 de la mañana, nos encontramos en el aventajado Parque Comarcal de Bomberos de la Marina Alta, que se encuentra rodeado de naranjos y verdes árboles. Se respira aire fresco en este espacio amplio en el que los trabajadores disponen de lugar suficiente para realizar sus actividades diarias.
Javier Fayos, el jefe de parque, nos recibe amablemente y nos invita a sentarnos en su despacho. A nuestro alrededor hay gran movimiento y se denota una atmósfera de positivismo y cansancio a la vez; claro, toca cambio de turno. Aquí los bomberos hacen turnos de 24 horas hasta que se pueden ir a casa a descansar; sus compañeros toman el relevo y se ponen manos a la obra. El jefe de parque nos comenta que se intenta dar siempre turnos juntos a gente que viene del mismo sitio como Valencia, Elche, Alicante, etc. Se hace así por tres motivos: economizar, no contaminar, y para asegurar la seguridad de volver en coche a casa, ya que los bomberos después de su turno se encuentran cansados.
Todo el mundo conoce qué es un bombero, pero pocos saben qué es lo que hacen en su día a día de trabajo. Para ser bombero se accede por oposiciones después de superar unas pruebas que, como nos comentan ellos, son casi imposibles de pasar. De hecho muy pocas mujeres han logrado superar el examen. Poseen unas normas y un horario muy riguroso. Vemos en las paredes del recinto papeles pegados que les recuerdan una vez más cómo actuar según el acontecimiento. Abarcan a toda la Marina Alta, menos a Calpe, ya que Benidorm queda más cerca. Esto supone ciertos problemas: tardan en llegar, hay sitios como los pueblos de montaña son muy inaccesibles, etc. Por ello se está empezando a crear un subparque en Benissa para poder llegar a diversas localizaciones más rápidamente.
Saliendo al patio vemos un gimnasio bien equipado. Todos se cuidan de manera envidiable pero algunos bomberos resaltan el hecho de que deberían hacerse controles físicos cada cierto tiempo, adaptados a la edad del examinado, para que los trabajadores no se relajaran en este sentido. Algunos de los trabajadores, principalmente los que se dedican a la parte técnica, no presentan la misma condición física debido a que no pueden entrenarse por lesiones corporales permanentes que han sufrido trabajando.
Salimos al patio, donde varios bomberos trabajan en la revisión del material que utilizan. Todos los días se repasan los equipos, nada puede fallar en la próxima salida. En la espaciosa zona que queda atrás del edificio vemos a más bomberos con la misma labor. Todos están muy centrados en la minuciosa inspección, sin embargo, cuando suena la alarma lo dejan todo, nos comenta Javier.
Nos dirigimos a una pequeña nave que queda en una esquina del amplio espacio. Allí está otro de los bomberos revisando los trajes y reparando el material que ha sido dañado. Nos enseñan los trajes que se usan en las situaciones que implican sustancias tóxicas. Éstas son muy difíciles de eliminar de los trajes y Javier nos comenta que hay estudios en los que se demuestra que los bomberos mueren antes (de enfermedades como cáncer) debido a este tipo de exposiciones. Este es uno de los factores por los que ellos todos los meses pagan una cuota para conseguir una jubilación anticipada a los 55 años. También nos informan de que se necesita más gente joven dentro del cuerpo; prácticamente todos ellos pasan de los 30 en la actualidad y ya hay muchos que en breves se jubilarán pero no tienen a nadie que les suplante. Además, para saber cómo actuar no sólo tienes que entrar en el cuerpo, sino que los primeros siete u ocho años no paras de aprender de los que llevan más años trabajando. En este caso, cuando gente nueva consigue superar las pruebas se encuentra con la barrera de que no disponen de plazas porque el gobierno dice que no hay dinero en este momento para pagar a nuevos bomberos.
Volvemos al despacho de Javier y nos comenta otro de los problemas importantes que sufre el cuerpo: “cuando alguien se va de baja (a veces por un año o más) debido a que ha sufrido un accidente laboral no disponemos de un sustituto que cubra su baja y nos falta personal”. También hace hincapié en que la gente debería informarse más sobre cómo actuar frente al fuego en situaciones básicas. De pronto suena la alarma, se encienden las señales visuales y megafonía informa del suceso. Se ha desprendido una cornisa en Denia. Los bomberos entran en acción, pasan de 0 a 100 en un segundo, hecho que en algunas ocasiones les ha causado posteriores lesiones por no disponer de tiempo para calentar. Cuando por fin los bomberos regresan, subimos a la parte superior del edificio donde hay un comedor, una cocina, lugares para descansar y un aula donde formarse. Entramos en ella y allí les vemos atendiendo a uno de sus compañeros que les explica un curso sobre “el gas natural y su taponamiento”. Ellos saben que los materiales que se utilizan actualmente van cambiando y ellos deben adaptarse.
Son todo un equipo y como dicen ellos “los compañeros son la mejor medicina”. Javier nos dice “hay veces que lo que te pasa en el cuerpo no se lo cuentas a tu familia, o a un psicólogo, sino a tus compañeros, porque son ellos los que mejor te pueden entender”. Para reforzar sus lazos realizan diversas actividades en equipo, como cocinar. Cada día le toca a alguien cocinar y se ayudan unos a otros. En este caso de la cocina sale un delicioso aroma a plátanos al horno y arroz caldoso; el encargado de la comida de ese día está manos a la obra.
Finalmente dejamos a los bomberos que disfruten su comida y su jornada laboral y concluimos nuestra visita con una pregunta a Javier y otro de los bomberos… “¿qué es lo que más os gusta de vuestro trabajo?”. Ambos sonríen y responden: “Todo”.











