Pasear por la fachada marítima de Dénia ya no suena igual, y no precisamente por el murmullo habitual de las terrazas o el vaivén del mar. De un tiempo a esta parte, un chillido intermitente y agudo rompe la calma de la zona a pleno pulmón. Es el sonido simulado de grandes aves rapaces, un sistema acústico que ha logrado limpiar el puerto de gaviotas, pero que, de rebote, ha trasladado el problema directamente a los tejados del centro de la ciudad y a la paciencia de los residentes.
Un remedio eficaz para los barcos, un dolor de cabeza para el barrio
Todo empezó con la instalación de ahuyentadores electrónicos mediante sonidos que imitan a depredadores como águilas o halcones. Varias de las embarcaciones de gran eslora amarradas frente a la Explanada Cervantes han incorporado estos dispositivos a sus cubiertas. La tripulación buscaba una solución rápida. Querían evitar los constantes destrozos, los excrementos y los percances que generan estas aves marinas. Y el invento funciona. Vaya si funciona. La zona de amarres luce ahora mucho más despejada y limpia, libre de la presencia de estos animales.
Sin embargo, la medida ha resultado ser un arma de doble filo. Lo que es alivio para los patrones de los barcos es un calvario para quienes viven a escasos metros. El vecindario de la zona ha empezado a denunciar el constante ruido artificial con el que se ven obligados a convivir desde primera hora de la mañana. La repetición del graznido simulado llega a ser desquiciante en las jornadas más tranquilas. Al final, las cosas de la convivencia: más de uno reconoce ya, con cierta ironía, que prefiere el jaleo natural de las gaviotas antes que la banda sonora de mentira que se ha instalado en el paseo.
Las gaviotas se mudan al casco urbano
El problema no se queda solo en el plano sonoro. Los animales no han desaparecido de Dénia, simplemente han cambiado de barrio. Al verse desplazadas de su hábitat natural en las rocas y los pantalanes, las gaviotas se están adentrando en el municipio en busca de alimento y refugio. Muchos ciudadanos ya han notado un incremento notable de estas aves en calles interiores, plazas y terrazas alejadas de la costa, donde buscan desesperadamente cualquier resto de comida.







