La decoración es lo único bonito del lugar. El cóctel estaba excesivamente frío y tuve que esperar para poder tomarlo. A pesar de ser natural, tampoco era para tirar cohetes. Está situado en el puerto, por lo que tampoco te puedes relajar. Eso y que dejan entrar a los niños (había dos niños gritones cerca de nuestra zona) no tiene mucho de zen. Las copas, para lo que era, muy caras. No volveré.
La decoración es lo único bonito del lugar. El cóctel estaba excesivamente frío y tuve que esperar para poder tomarlo. A pesar de ser natural, tampoco era para tirar cohetes. Está situado en el puerto, por lo que tampoco te puedes relajar. Eso y que dejan entrar a los niños (había dos niños gritones cerca de nuestra zona) no tiene mucho de zen. Las copas, para lo que era, muy caras. No volveré.