El miércoles tuvo lugar en la Biblioteca Municipal el inicio del curso El impacto de las elecciones autonómicas y locales en las elecciones generales de 2023. ¿Cambio de ciclo?, una serie de conferencias organizado por la UNED Dénia dentro del marco del Festival de les Humanitats y que contará con expertos en política que tratarán la situación actual que se está viviendo en España y cómo puede afectar a los próximos comicios generales.
Para inaugurar el curso contaron con la participación de Ximo Puig en la que será una de sus últimas intervenciones como president de la Generalitat. «Es una alegría que uno de los últimos actos de este mandato sea aquí en Dénia. Sabes, alcalde, lo que quiero a esta ciudad», señalaba Puig en el inicio de su discurso.
Intervención completa de Ximo Puig:
Dénia acoge este curso y esta mirada humanista en un momento decisivo para nuestra sociedad. Un momento que nos conecta más que nunca con aquella visión que el último libro de Bauman nos ofrece. En sus páginas hablaba de retrotopía: ubicar en el pasado el mejor de los paraísos. En definitiva, dar la espalda al progreso. En esa lógica, el futuro ante esta incertidumbre reinante desaparece como esperanza de progreso. Y un pasado idealizado, del todo irreal, se convierte en un falso refugio.
En mi opinión, creo que esto en parte explica este momento histórico y los resultados del 28M, como también explica el marco en el que se realiza la elección del 23J. En pocas semanas el pasado se presenta a las urnas. El lado más sombrío de nuestros pasados. Esto lo digo más allá de cualquier partidismo, pero sin duda estamos asistiendo a una peligrosa regresión en valores, en consenso y, en definitiva, en lo que es fundamental para una sociedad avanzada, que es la convivencia.
Parece inconcebible, municipios que prohiben banderas de diversidad sexual, escuadrones que llaman okupa al presidente del Gobierno, corporaciones que censuran obras de teatro, pactos que criminalizan a los inmigrantes, partidos que banalizan, obvian y mercadean con la violencia machista. Esta tenebrosa ventana entre el 28M y el 23J muestran un futuro alternativo o, mejor dicho, un no futuro.
Josep Ramoneda, en torno al Festival de les Humanitat, lanzaba esta reflexión: «Las fabulaciones sobre el futuro, cada vez más distópicas, se proyectan como confusión en el presente». Esta confusión se sustancia en tendencias como el autoritarismo, el fanatismo, el negacionismo, el catastrofismo, o la nostalgia en su deriva más nociva. Es una reacción contra el pensamiento. Es la antítesis de las humanidades, de la Ilustración. Un brote alérgico a los valores que han fundamentado nuestra sociedad. En definitiva, un repliegue interesado que conecta con el malestar social, que atiza el malestar social y que acaba creando más malestar social.
Por lo tanto, ¿qué podemos hacer? Tal vez podríamos comenzar por aquello que está en nuestra mano. Este congreso, esta reunión de formación, de debate, que acabará el viernes, lo hará con una pregunta muy pertinente: ¿es posible una política menos crispada? Personalmente, llevo años intentándola contestar en positivo. Yo creo que sí es posible. Es imprescindible.
Recuerdo que di una conferencia en Madrid que se llamaba La España sin ruido, y casi todo el ruido cayó sobre mí. Pero es cierto que hay que rebajar los decibelios y alejar la futbolización de la política. Apartar la política del hooliganismo.
Es un fracaso colectivo que la gran palabra de este tiempo sea «polarización». Hay muchos motivos, y de algunos de ellos hablaréis en este congreso. Voy a destacar solo dos porque creo que tienen una parte nuclear de respuesta a esta situación. Por una parte está el estado de la comunicación. La comunicación está sufriendo diversas crisis. Los medios de comunicación sabéis que con la digitalización han tenido una transformación enorme. También el monopolio ha aumentado. Al mismo tiempo que internet parecía que iba a significar una democratización del mercado de la comunicación, finalmente lo que ha conseguido es lo contrario. Hay más concentración, hay una jerarquización de la información muy alineada y, por tanto, con la aparición además de las redes sociales, que tienen muchos factores positivos pero también factores nocivos, se establece una conversación en la que se premia el grito y el insulto, se raquitiza el debate y la reflexión, y se penaliza la duda. Dudar aparece como un síntoma de debilidad.
Son cámaras de eco irreales que han tenido tres efectos: menos confianza en las instituciones, un boom global de los populismos y una radicalización extraordinaria del mensaje. Un desprecio a la autoridad.
Por otro lado, emerge la responsabilidad de la política, fundamentalmente de los políticos. Asistimos a la institucionalización permanente del insulto, la división y la toxicidad. Escuchamos dicotomías como «socialismo o libertad» y. ahora, creo que el ejemplo por totalitario más deslumbrante de los últimos años, «Sánchez o España». Es decir, una idea de España o la anti-España. Una idea única, totalizante, de España o la anti-España. Han convertido a Sánchez en una especie de anticristo.
Me viene a la mente el Teorema de Thomas, que dice aquello de «todo aquello que se percibe como real, al final tiene consecuencias reales». Y nada sale gratis. Todos estos movimientos que existen al final acaban mirando al Asalto del Capitolio, el intento de golpe de Brasil, el Brexit y sus consecuencias nefastas, la fractura social en Catalunya. Y si vamos un poco más al pasado, salvando las distancias, la Europa de los años 30 del siglo pasado.
«La Historia es maestra de vida», decían los clásicos. Pero Gramsci decía: «La Historia es maestra de vida, pero no tiene alumnos». Y por desgracia muchas veces es verdad, aprendemos poco de la Historia. No estamos apreciando en su justa dimensión el elevado coste social, económico e institucional que acarrea la polarización política. Por eso conviene que no se juegue, que no se banalice con las palabras. Que no se juegue, que no se banalice con las mentiras. Que no se juegue, en definitiva, con la polarización.
Para dar respuesta a esta encrucijada, la respuesta es que es posible otra manera de hacer política. La política al final es como el colesterol: hay colesterol bueno y colesterol malo. Hay política buena y política mala, al margen de las ideas. La manera de hacer política. Una política que sea capaz de construir aunque no siempre gane. Que sea capaz de renunciar a los dividendos a corto plazo en beneficio de la convivencia. La que pone el diálogo y el acuerdo en el centro de la agenda.
Hay que regresar, en definitiva, a la política como base de la nueva esperanza de la sociedad. Necesitamos una política en las antípodas de esto que estamos viendo desgraciadamente este tiempo.
Ahora hemos visto que los nuevos pactos autonómicos perfilan una idea de España estrecha, aglutinadora de negacionismos, obstinada por la uniformización. Una sociedad que deja fuera a muchas personas con ideas, con maneras de vivir diferentes. Se están conformando parlamentos y gobiernos sin solución para los grandes desafíos, alejados de lo que son las transformaciones más importantes, las oportunidades que existen en estas grandes transformaciones, y se está acentuando la generación de división en unas sociedades profundamente complejas.
Sobran muros, faltan puentes, y no es esta visión la que se necesita para la España que mira al 2030.
Quiero acabar sin ningún ápice de pesimismo. Creo que en el fondo siempre late la esperanza. Miguel Hernández escribió en uno de los últimos días de su vida, cuando era maltratado, vejado, asesinado poco a poco, decía: «Dejadme la esperanza». Yo creo en la esperanza y en todas las posibilidades que tiene esta tierra y el conjunto del país.
Reitero mi agradecimiento por la invitación, muchísimas gracias por poder participar en este seminario, y hago memoria de lo que sucedió aquí en Dénia hace unos meses. Fue el primer Festival de les Humanitats y tuvimos la suerte de poder asistir a una conferencia magistral de Theodor Kallifatides. Nació en Grecia, vive en Suecia. Es muy interesante entender su biografía para poder entender su manera de entender el mundo. Y nos ofreció una lección inolvidable, una reflexión que era una llamada a la esperanza. Decía: «Vivimos tiempos difíciles. No es la primera vez. La humanidad ha experimentado muchos tiempos difíciles, pero ha sobrevivido porque había gente haciendo lo que pensaba que era su deber». Cada uno debemos asumir ese deber. Yo animo, apelo, a ese sentido de estado, ese sentido común, al trellat. Es el momento de descartar los callejones de la historia. Es el momento, en el umbral del 50 aniversario del golpe de estado contra Salvador Allende, de que sigamos buscando nuevas alamedas por las que camine una sociedad libre. Las coordenadas para encontrar esas nuevas alamedas están aquí, en las humanidades, en la razón, en la razón crítica. En Dénia, que se va a convertir sin duda en la ciudad del pensamiento.









¿Si gana el PP todos estos xiringuitos van a acabar?
Habrå el doble o el triple o el cuádruple etc etc etc.
Sr Puig, se ha dado cuenta en esta reunión de pastores la oveja muerta es usted?
Mucho amiguismo con el alcalde, que supongo le habrá llenado bien su bolsillo con el dinero de los contribuyentes por esta payasada.
Cuando asumirá que ha perdido las elecciones? Cuando asumirá que la mayoría del pueblo valenciano ha borrado del mapa su proyecto pancatalanista?
Antes de hablar de pensamiento crítico debe tener un poquito de pensamiento autocrítico.
El que pierde las elecciones porque la gente se ha cansado de él, dando lecciones sobre por qué la gente se ha cansado de él.
Todo para el pueblo, pero sin el pueblo
Si no hubiera asistido la plana mayor de Ayuntamiento, la sala se quedaría vacía.
Así está el interés y apoyo “popular” a los lloros y las políticas de este señor.
Después le hemos pagado una paellita entre otros no ?
Claro, en el PSOE son unos clasistas. Como se ve se hace un acto pagado por el pueblo, donde no asiste el pueblo. Solo la pseudo burguesia politica socialista.
Otro chiringuito que no aporta nada y seguro que con los altisimos impuestos se han ido luego a comer marisco. Por cierto, a éste sujeto no electo ya le han echado, no entiendo porque sigue dando sus discursos, mejor que los dé en Cataluña