Ayer arrancaba el temporal y, con él, una de las estampas más desagradables que ha dejado la DANA Adam en Dénia. Las intensas lluvias de las primeras horas colapsaron rápido el alcantarillado en el barrio del Saladar, empujando a la superficie a miles de inquilinos nada deseados. Hablamos de las cucarachas, que protagonizaron una huida masiva del subsuelo a plena luz del día.
El agua empezó a subir por las calles y el instinto de supervivencia hizo el resto. Los insectos salieron en desbandada desde las tuberías anegadas. Vecinos y viandantes no daban crédito al ver cómo, en cuestión de minutos, las paredes blancas y las cristaleras de los locales comerciales se cubrían de bichos trepando a toda prisa para no morir ahogados. Buscaban cualquier recoveco seco o zona alta, colonizando fachadas y maceteros ante la mirada de repulsión de quienes grababan la escena con sus móviles.
Freno a las puertas de los negocios
Viendo semejante cantidad de insectos trepando por los muros, cualquiera daría por hecho que el interior de las tiendas acabaría infestado. Sin embargo, hubo suerte y, sobre todo, muchos reflejos. Los propietarios de la zona actuaron rápido frente a la avalancha. Según han confirmado, lograron frenar el avance de las cucarachas mientras escalaban por la fachada, consiguiendo que ni una sola llegara a colarse dentro de los establecimientos.
Se las apañaron para lidiar con el problema de puertas para afuera, acabando con ellas en plena calle. Hoy, superado ya el pico del temporal, el barrio intenta recuperar el pulso habitual. Los vecinos y servicios de limpieza siguen baldeando aceras y rematando faenas de achique, dejando atrás los charcos y la asquerosa invasión que trajeron consigo los primeros coletazos de la tormenta.





