La Dénia de Tardor: cuando la ciudad es un lienzo y un muro es más que un obstáculo
Dénia.com
Buscador

La Dénia de Tardor: cuando la ciudad es un lienzo y un muro es más que un obstáculo

10 de septiembre de 2023 - 08:20

Pocos elementos arquitectónicos tienen tantas connotaciones negativas como el muro. Un muro es una traba, una barrera. Impide acceder e impide salir. Tampoco deja ver más allá. Y Dénia, como cualquier comunidad, está repleta de muros. Pero, por suerte, algunas personas no se quedan con sus aspectos nocivos, sino que ven en ellos una oportunidad para soltar lo que tienen dentro. Un lienzo donde plasmar sus ideas. Entonces el muro, paradójicamente, se convierte en una vía para alcanzar la libertad.

Tardor Roselló era solo un chaval de La Xara cuando empezó a interesarse por la pintura y el dibujo. Llenaba libretas enteras con unas prematuras obras que en ningún momento pensó que podrían escapar del papel. Al mismo tiempo que encontraba una pasión en el dibujo, se fue interesando por toda la cultura Hip Hop, especialmente por la música rap. Creció, podría decirse, dibujando con rap de fondo. Era de esperar que pronto empezara a fijarse en la disciplina artística por excelencia del Hip Hop: el grafiti.

En Dénia y alrededores, por aquel entonces, ya existía algún grafitero, pero la mayoría de paredes seguían en blanco. Fueron aquellos que vinieron de las grandes ciudades, especialmente de Madrid, donde la cultura del spray ya se había asentado, los que mostraron a la generación de Tardor que un muro podía ser el mejor lienzo.

Pronto las libretas de Tardor empezaron a llenarse de bocetos de grafitis. Durante las clases que menos le interesaban, confiesa, fue cuando más aprendió, pero sobre ese arte. Practicaba mil firmas mientras el profesor no miraba, hasta que tuvo la oportunidad de trasladar la definitiva a una pared.

Se juntaba casi siempre en casas abandonadas en las afueras del casco urbano, como en La Marquesa. Ahí, junto a otros que habían descubierto un nuevo hobby, empezaron a hacer uso de sus primeros sprays de pintura. Entre ellos no competían, sino que colaboraban para nutrirse y lograr perfeccionar sus técnicas.

La propiedad abandonada, como se intuye, no era de ninguno de ellos, lo que obliga a abordar el elefante en la habitación: ¿artistas o gamberros? El spray siempre ha tenido mala fama y se ha vendido como una herramienta de destrucción más que de construcción. Pero a Tardor no le tiembla la voz al admitir la naturaleza ilegal del grafiti. Como él mismo explica, se populariza en Nueva York, donde los artistas saltaban al metro para dejar en él sus elaboradas firmas y poder presumir con orgullo de que ellos habían estado ahí y que además su obra se vería por todos los barrios por donde pasa su vagón. El metro se convierte, por tanto, en un museo itinerante. En su caso, no obstante, evitó jugársela tanto y prefirió centrarse en practicar en sitios donde no molestaran, ni les molestaran. «Nunca intenté fastidiar a nadie. No era mi intención», nos cuenta.

De las firmas pasó a los dibujos más elaborados. Empezó incluyendo entre las letras alguna figura y le cogió el gusto. Tanto fue así que pronto las letras desaparecieron y se centró en aquellos dibujos. Podría decirse que se especializó, pues en las obras conjuntas de su grupo a él le encomendaban la tarea de aportar imágenes alejadas de las firmas.

Haciendo carrera

La vocación ya se le había despertado por lo que sus estudios también los encaminó en la misma dirección. Cursó la rama artística del bachillerato y tras esto siguió aprendiendo en varios módulos y cursos cada vez más centrados en el arte sobre muros y fachadas. El grafiti quedó atrás y empezó su etapa como artista urbano creando murales más cercanos a su obra actual.

Desde el principio tuvo encargos de particulares para decorar casas o negocios. Era algo que le limitaba a la hora de expresarse, pues debía seguir al dedillo las exigencias del cliente, pero le sirvió para confiar en que se podía dedicar en exclusiva a aquello que le gustaba. Mientras la mayoría de sus compañeros de grafitis fueron abandonando los sprays o relegándolo a un pasatiempo eventual, Tardor vivía de la pintura.

Se profesionalizó. Entre sus herramientas se hicieron hueco las brochas, pinceles, el rodillo, un compresor con pistolas, pero nunca ha abandonado el spray al que sigue dando uso en sus proyectos. Pulió la altura y asumió cada vez muros más grandes. «Al principio es muy complicado. Hacer un mural de gran formato no solo implica conocimiento y herramientas, valentía también si tienes miedo a las alturas». Primero se subió a una escalera para pintar donde no llegaba, luego a un andamio y por último tuvo que aprender a manejar las grúas (plataformas elevadoras) que hoy en día gasta no para hacer muros, sino para hacer fachadas enteras.

Aunque afirma no competir contra otros artistas, «hay más compañerismo o admiración que competición», sí se reta a sí mismo constantemente para conseguir hacer un mural cada vez más grande. En la comarca destaca en tamaño un trabajo que realizó hace un par de años en Ondara en el río Alberca. Aunque no es en altura, la mujer que creó en él tenía un tamaño de 50 metros. «La gente no entiende a veces cómo se hacen los murales, se piensan que están impresos o que los hacen un grupo de 20 pintores. Y no. Soy yo solo, bajo el sol, que lo estoy pintando».

Pronto se interesaron por él desde distintos puntos de Europa. Algo que todavía no asume, pues le cuesta creer que, con solo 26 años, su arte haya llegado tan lejos. Tardor cuenta el caso más reciente, pues hace unos días estuvo en Dinamarca realizando varios trabajos tras haberse puesto en contacto con él una galería de allí a través de Instagram. «Al principio dije «sí, ya, una galería de Dinamarca me va a contactar». Pues al final resultó que era verdad y que el proyecto era real», ríe al recordarlo. Cuenta que las redes sociales son vitales para darse a conocer en este mundo. No solo las propias, sino las que la gente realiza al toparse con una obra. Y eso circula hasta que llega a personas inimaginables, como a una galería de Dinamarca en este caso.

Su marca

Aunque muchos muralistas optan por figuras caricaturescas, a las que llaman «quecos», o por imágenes que son prácticamente fotografías, Tardor encontró su propio estilo alejado de esas corrientes. «No busco el hiperrealismo. Me gusta currármelo mucho, pero me gusta más que juegue con el propio ambiente, que se vea la textura de la pintura, los trazos y brochadas, la textura del muro… Si no, para eso ya tienes la foto».

Entre sus trabajos de los últimos años destacan tres elementos que se repiten casi en cada trabajo: las grietas, las aves y las mujeres. Casi siempre sus murales están protagonizados por rostros femeninos que surgen de su imaginación al combinar facciones de distintas referencias. Afirma sentirse cómodo recurriendo a la mujer, de la cual asegura emanar una expresividad y libertad que de otra forma le costaría plasmar. Sobre esta última cuestión, la libertad, también trata el uso de las aves. Además, asegura que dan mucho juego ya que existe una enorme variedad de tipos y siempre encuentra alguna, por forma, tamaño o color, que encaje en aquello que quiere transmitir.

Por último, quizá no tan apreciable a simple vista, están las grietas. Sus figuras casi siempre se encuentran agrietadas, especialmente en la piel de brazos o de los rostros. Un recurso que surgió casualmente mientras hace unos años desistió a la hora de disimular una grieta real de un muro sobre el que pintaba. Acogió esta «imperfección» en su obra y pronto fue un recurso recurrente en cada uno de sus trabajos.

Los muros de Dénia

Uno de sus primeros trabajos aquí lo podemos encontrar en La Xara, en la plaça del Cinema. Un mural con más de un lustro a sus espaldas y todavía muy alejado de sus creaciones posteriores. No obstante, fue el comienzo de una carrera en la zona con la que se puede apreciar su crecimiento profesional.

Las distintas ediciones de UrbaJove llenaron distintos muros de Dénia con su arte. Entre la calle La Via y Patricio Ferrándiz se encuentran su Angela Davis, su Gata Cattana y su Amy Winehouse, o el crítico oso polar hundido en un vaso de agua. En Torrecremada se encuentra un mural que le ha traído grandes alegrías, considerado uno de los diez mejores del mundo en 2021 gracias a una votación popular: la mujer acostada y agrietada con la corona de plantas.

También el evento le permitió decorar la fachada del edificio de Joventut de Dénia con varias obras que ven los vecinos a diario. Una de ellas, de hecho, es la imagen del propio artista, como nos confiesa Tardor. No es algo habitual y le genera cierto pudor, pero recurrió en esa ocasión a una fotografía suya encapuchado para crear el mural del hombre agachado con la cara iluminada mientras mira una versión reducida de sí mismo.

Si paseas por Jesús Pobre o La Xara también es fácil acabar topándote con una obra del artista. En su población natal, de hecho, se encargó de decorar la fachada del nuevo colegio con uno de sus murales más impresionantes. Y no es el único centro educativo que cuenta con un trabajo firmado por él, pues últimamente se le ha solicitado de un gran número de éstos, desde el María Ibars hasta Paidos.

Entre sus últimos trabajos está el hombre encapuchado del que brotan pájaros en la salida del túnel, en el edificio de Joventut, y el que se le encargó para el polideportivo con motivo de la salida de La Vuelta.

Y lejos de los muros también encuentra sus momentos de desconexión pintando cuadros. «Me gusta por el contraste que da, después de un mes de no parar, encerrarte a estar tranquilamente con un cuadro». Se han llevado a cabo varias exposiciones donde se ha podido ver esta faceta suya. De hecho, desde el pasado viernes se puede visitar la última en el Taller Turia de Els Magazinos, cuya presentación atrajo a decenas de seguidores que quisieron conocer sus novedades de manos del autor.

Le gusta pintar en cualquier superficie, admite. Empezó con una libreta y ahora expone sus cuadros. No obstante, Tardor lo tiene claro: no hay nada como el trabajo físico, en la calle, con los vecinos y para ellos. «Cuadros siempre he hecho, pero me he centrado siempre más en el muralismo porque me gustaba el gran formato, salir a la calle e interactuar con la gente. Estar sobre la grúa pintando, tener que desplazarte, vivir unas semanas fuera para hacer proyectos… Todas las aventuras que te da pintar en la calle te ofrecen unas vivencias que el cuadro no». Cada vez en un municipio o país distinto, pero siempre seguirá recurriendo al spray para enfrentarse a sus muros en blanco.

Deja un comentario
  1. Nuria dice:

    Grande Tardor…!!!… fantàstics els teus treballs… ànim i força per a continuar endavant

  2. Marjan dice:

    La traducción no es buena, lo siento. ¡¡¡Me parece muy bonito!!!

  3. Pepa Monsonís dice:

    Eres admirable, m’encanten els teus treballs. El teu talent es desborda…
    Enhorabona!!!

  4. Omniway dice:

    Un gran artista sin lugar a dudas

  5. Monika Just dice:

    No me gusta tu Arte!
    ME ENCANTAAAAAA?

  6. Eva dice:

    Enhorabona! Fas un treball molt bonic i inspirador


37.861
4.463
12.913
2.770