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Historias de vida: los andaluces que llegaron a Dénia en los 60 y 70

29 de febrero de 2020 - 01:00

Vinieron muy jóvenes y casi siempre buscando trabajo. Sus hijos crecieron aquí, se casaron, y las siguientes generaciones nacieron ya en Dénia. Muchísimas personas procedentes de Andalucía llegaron a la ciudad en los años 60 y 70, enriqueciendo su demografía, aportando costumbres e incorporando las de aquí como propias. El 28 de febrero es el Día de Andalucía, y por este motivo conocemos algunas historias de emigración e integración.

La historia de Teresa: en busca de trabajo

"Los niños se hacían mayores y en Morón de la Frontera no había faena". Teresa Santos llegó a Dénia en 1970, cuando tenía 44 años. Venía con sus cinco hijos y su marido, Paco. Él en seguida empezó a trabajar como albañil y ella limpiando apartamentos y restaurantes. También hubo trabajo para los tres hijos mayores, en fábricas de juguetes y de bolsos, mientras los dos pequeños se escolarizaron en la ciudad.

Teresa nos cuenta que siempre se sintió acogida, que nunca tuvo sensación de ser forastera. "Cuando empecé a entrar en los sitios a comprar, no entendía el valenciano. Al principio me aclaraba señalando, y en seguida empecé a comprender".

La primera casa en la que vivieron era de alquiler, hasta que pudieron comprarse un piso en propiedad. Esto fue algo muy importante para ella. Cuando se inauguró el Hospital de La Pedrera, en 1986, Teresa empezó a trabajar en la limpieza, y así hasta su jubilación en 1999. Especialmente la conocen los cirujanos y enfermeras de quirófano. "Ha sido el trabajo más bonito de mi vida".

Ahora tiene 93 años, y vive en el piso de su hermana Remedios. Porque esa es otra característica de los que llegaron desde Andalucía, que venían las familias al completo. Teresa reconoce que "Fue una buena decisión, estoy segura que conseguimos una vida mejor. De aquí no me moveré".

Mezcla de sentimientos: la vida de María

El cambio de vida de María comenzó en 1973, cuando su marido José llegó a Dénia "a tantear el terreno". Ya había en Dénia un hermano de ella y algunos amigos, que le habían dicho que aquí había trabajo. Lo ayudaron a alquilar una casa en la Avenida de Alcoy, y entonces, José volvió a Guadix (Granada) a por ella y a por sus tres hijos. Llegaron en Fallas, y el hijo pequeño, que entonces tenía 14 años, sintió que "nunca había visto nada parecido".

En seguida empezaron a trabajar: a los pocos días, José y el hijo mayor ya estaban en la obra, y María, limpiando en una clínica. Reconoce que nunca se sintió de fuera, que las redes de los parientes que la estaban esperando la ayudaron mucho. Y que muy pronto empezó a hacer su vida y a tener la independencia económica que necesitaban.

María nació en 1929, así que lleva aquí más de la mitad de su vida, sus nietos y sus bisnietos son de aquí, pero a pesar de eso, ella sigue añorando su pueblo.

Carmelo Nofuentes: "Dénia fue una ventana de ilusión"

Carmelo Nofuentes es muy conocido por haber sido el director de la oficina de empleo de Dénia desde su fundación en 1976 hasta 2013. Sus padres fueron la primera familia de la zona norte de Granada (y probablemente de toda Andalucía), en llegar a Dénia. Vinieron en 1964 desde Aldeire.

Los padres de Carmelo llegaron para dedicarse a la agricultura, como caseros de la finca San Carlos (una gran finca de naranjos que corresponde con la localización del actual hospital privado). "Yo siempre digo que la primera oficina de empleo que existió en Dénia fue mi madre". Además de a ellos, que son seis hermanos, se trajo a cinco sobrinos. Todos encontraron trabajo en lugares que en esos momentos necesitaban a mucha gente: la SEAT y Maderas Pastor, en la avenida de Valencia; Telefónica, entonces en la calle La Mar; Industrias Aura, y la Policía Municipal, que se encontraba en pleno desarrollo.

Plásticos Granite y Plásticos Borna también fueron grandes fuentes de trabajo, y uno de los lugares que se quedó con más mano de obra femenina fue Magdalenas Ortiz.

Carmelo se licenció en Geografía e Historia, y sus inquietudes lo han llevado a estudiar en profundidad el fenómeno migratorio en Dénia. Explica que la pirámide de población de la ciudad sufrió una inyección de gente joven, porque solían venir familias enteras, con matrimonios de alrededor de 40 años de edad y con hijos pequeños. Teresa y María son buenos ejemplos.

Paralelo al crecimiento de la industria fue el de la construcción. Por dos razones: porque el turismo empezaba a despegar y porque se necesitaban viviendas para alojar a toda la gente que había llegado. Rápidamente se construyeron los lugares donde principalmente se instalaron: la entrada al pueblo (calle Mallorca, calle Menorca, avenida de Alcoy); la zona final del Paseo Saladar, en la actual manzana entre Carlos Sentí y Pintor Llorens; y los tres Edificios París, que dan a la Plaza Jaume I.

"Todas las personas que llegaron son las que han hecho crecer Dénia, no solo demográficamente, sino también en riqueza." Con la pregunta ¿Qué recibió de Dénia y qué le dio a cambio?, Nofuentes se emociona: "Dénia para toda la gente que hemos venido aquí ha sido abrir una ventana de ilusión, abrirte a la vida, un futuro esperanzador. Nosotros le hemos devuelto trabajo, crecimiento, ilusión, todo."

Los cambios en la población

Dénia se mantuvo casi un siglo alrededor de los 12.000 habitantes: desde finales del siglo XIX hasta los años 80 apenas hubo cambios, tan solo con la crisis de la pasa y con la Guerra Civil. Sin embargo, en los años 80 la población se duplicó y llegó a las 24.000 personas.

Esto se debió a la "primera oleada" de inmigración de la que estamos hablando, que llegó a Dénia desde otros puntos de España en los 60 y los 70. No solo procedían de Andalucía, sino también de Castilla La Mancha, Extremadura y Murcia, entre otros lugares. Más tarde, en los años 2000, Nofuentes identifica una "segunda fase" en la inmigración que llega a Dénia, que en esos años es principalmente procedente de Sudamérica y Europa del Este. El crecimiento de la población se debe no solo a su crecimiento natural, sino a la llegada de muchas personas jóvenes en edad de tener hijos.

El nacimiento de la Casa de Andalucía

La necesidad de compartir experiencias fue el principal impulso para la creación de la Casa de Andalucía. Comenzó a funcionar en 1985, en su primera sede en la calle Lepanto. Ahora mismo, tienen unos 300 socios.

Uno de sus fundadores, Pedro Ayala Galindo, una cara conocida de la vida de Dénia, nos cuenta su experiencia: Pedro vino desde Baeza en 1972, trabajaba en la Compañía Sevillana de Electricidad y pidió traslado a Dénia. Le habían hablado muy bien. “Dénia es una ciudad muy acogedora. Yo siempre he sido muy universal, pero mi integración fue máxima: en cuanto llegué me puse a ensayar con un grupo de folk valenciano.” Además, Pedro Ayala trajo muchas inquietudes culturales: ha pertenecido al grupo de folk Veus del Poble y al grupo de teatro Llebeig. Y está profundamente implicado en el certamen de poesía Adolfo Utor Acevedo, que organiza la Casa de Andalucía.

Ángel Pelayo Jiménez fue otro de los pioneros de la Casa de Andalucía. Llegó a Dénia en 1968, cuando era un adolescente de catorce años. Estaba estudiando oficialía y maestría, lo que sería hoy un FP I. Sus padres y sus cinco hermanos vivían entre Morón, Camas y el barrio de Triana en Sevilla. Su padre se quedó sin su trabajo en la ONCE y compró una furgoneta para hacer reparto. Empezó trayendo a Dénia muebles, aceitunas, chorizo... hasta que la gente empezó a pedirle "Oye, ¿nos llevarías a nosotros a Dénia?". Esos fueron sus primeros contactos con nuestra ciudad, y pasar aquí algunos veranos en casa de familia que ya había emigrado. Hasta que se dieron cuenta que en todas las fábricas había un cartel de SE NECESITA PERSONAL. Se vinieron una mañana a Dénia, y esa tarde Ángel ya trabajaba en una fábrica de juguetes.

Ángel se integró muy rápidamente, pero reconoce que los niños lo hacían de forma más fácil que los adultos. "Siempre me he sentido muy bien en Dénia, pero es verdad que a medida que te haces mayor te acuerdas más de tus raíces".

3 Comentarios
  1. Carlos dice:

    Enhorabuena por el artículo, muy interesante para comprender la historia de nuestra población. No debe ser fácil emigrar de tu pueblo y comenzar una nueva vida aprendiendo una nueva lengua y adaptándose a nuestras costumbres. Mi admiración para todas esas personas.

  2. Manuel Garcia dice:

    Antes te integraban rápidamente.
    Hoy si no hablas Catalán en el Ayuntamiento sicialista de Denia te tratan como a un judío en auswich.

  3. Marina dice:

    Qué historias más bonitas, me han emocionado y llegado al ♥️


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