La tromba de agua no distingue calidades constructivas ni códigos postales. El colapso de un imponente muro de contención ha cerrado por completo el paso en Sant Nicolau, a escasos metros de la Marineta Cassiana, dejando prácticamente aislada a una hilera de viviendas exclusivas en una de las mañanas más complicadas que se recuerdan en Dénia.
Se trata de un marge de pedra seca de grandes dimensiones, levantado frente a una de esas villas modernas que han proliferado en esta ladera costera. La técnica, centenaria y propia del paisaje rural de la Marina Alta, ha ganado terreno estos últimos años como seña de identidad en la arquitectura contemporánea de alto nivel. Sin embargo, la saturación del terreno por el aguacero torrencial ha terminado por reventar la estructura, que ha cedido de golpe hasta taponar el vial con toneladas de piedras, sedimentos y ramas.
Sin salida en una mañana crítica
El desprendimiento complica todavía más una jornada límite en el municipio. Con la alerta roja activa y registros que amenazan con superar los 300 litros por metro cuadrado, el terreno es ya incapaz de absorber más agua. Cualquier talud se convierte ahora mismo en una trampa.
El bloqueo en Sant Nicolau llega, además, con la ciudad paralizada. Desde primera hora se ha insistido a la ciudadanía en la consigna municipal de «no salgáis a la calle» bajo ningún pretexto. En las zonas de diseminados y plantas bajas, el aviso es tajante: resguardarse en las alturas ante la amenaza real de inundaciones repentinas, con los cauces del Girona y el Racons al límite de su capacidad.
La ciudad, blindada por el temporal
El derrumbe de este muro no es un caso aislado. Las rachas de viento que superan los 90 km/h y el azote costero mantienen a los efectivos de emergencia desbordados. Mientras el acceso a estas viviendas de Sant Nicolau sigue impracticable a la espera de maquinaria pesada, otros puntos neurálgicos como el Camí de Gandia, el Pinaret d’Elies, el Assagador del Palmar o la propia CV-735 presentan cortes por inundación o caída de arbolado.
Con las clases suspendidas, el transporte urbano cancelado y los edificios municipales cerrados a cal y canto, los vecinos atrapados tras el desprendimiento no tienen más opción que esperar dentro de sus casas a que amaine el temporal y los operarios puedan retirar la montaña de piedra que ahora mismo les corta el paso al resto de Dénia.









