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A la venta, por 6 millones, la casa señorial con nombre propio que acogió a un tenor y la gestación de la actual Dénia turística

J. Justo Moncho

Periodista
18 de octubre de 2026 - 08:01

El mercado inmobiliario suele hablar de parcelas, calidades y vistas al mar, pero rara vez ofrece la posibilidad de adquirir un pedazo fundamental del pasado de una ciudad. Con un precio de salida actual de 5.900.000 euros, la finca conocida como La Campanera, bautizada así en tributo al popular pasodoble nacional, busca un nuevo custodio. No se trata de una vivienda de lujo convencional levantada ayer. Esta imponente construcción es un testigo de piedra que presenció los ensayos íntimos de una leyenda de la ópera y, décadas más tarde, el nacimiento del modelo económico que transformó por completo el paisaje y la sociedad de los dianenses.

Para comprender la magnitud de esta finca, hay que retroceder hasta 1928, año en el que se llevó a cabo una importante ampliación de la vivienda original. El ilustre tenor Antonio Cortis, figura de renombre internacional aclamada en los teatros de medio mundo, encontró en esta parcela el lugar idóneo para desconectar entre sus extensas giras internacionales. Su apego al municipio dejó una profunda huella en esta tierra y en las propias estancias del inmueble.

La rehabilitación actual de la residencia, gestionada ahora por Costa Houses Luxury Villas, ha respetado al máximo aquel esplendor de principios del siglo XX. Quien cruza su umbral pisa unos singulares azulejos originales realizados por Salvador Dalí, acaricia puertas de madera meticulosamente restauradas y observa la característica rejería con motivos de lira. Todo en sus 954 metros cuadrados construidos rinde tributo a la época en que la música en directo resonaba durante veladas privadas inalcanzables para el común de los mortales.

Un giro de guion suizo

A pesar del imponente legado del cantante, el giro más trascendental para la ciudad ocurrió a finales de la década de 1950, de la mano de unos propietarios ajenos al mundo del espectáculo: la familia Bongni. Dénia atravesaba entonces tiempos inciertos. La antigua pujanza de la exportación de la pansa era un recuerdo y la industria del juguete comenzaba a dar muestras de agotamiento. Las calles apenas veían automóviles y la oferta hotelera estructurada brillaba por su ausencia.

El largo viaje del empresario suizo Pablo Bongni y su esposa Susan hasta la costa levantina nada tuvo que ver con grandes inversiones. Buscaban un clima suave por prescripción médica para tratar las graves secuelas de la poliomielitis que padecía su hijo Pierrot. Un conocido vinculado a la compañía Nestlé les aconsejó alejarse de la ciudad vecina de Gandia y visitar Dénia, donde los pusieron en contacto con cierta finca en venta que antaño perteneció a un famoso tenor.

El flechazo visual fue inmediato. Bongni recurrió a los fondos de su suegro, un poderoso banquero de Ginebra, para hacerse con la casa señorial y los impresionantes 27.000 metros cuadrados de terreno que la rodeaban.

Las visitas que fundaron el turismo internacional

La enorme capacidad de la vivienda la convirtió en el escenario perfecto para acoger a multitudes, y los Bongni demostraron ser unos anfitriones espléndidos. Durante años, médicos, financieros, inversores y amigos de diversas nacionalidades europeas pasaron largas temporadas de descanso en Dénia. Aquellos invitados se encontraron con un paraje sin masificar, una gastronomía rotunda y un compatriota de absoluta solvencia que les generaba una total confianza.

Esta transformación no precisó de vallas publicitarias. Sin grandes promociones en prensa, el simple boca a boca gestado entre las paredes de la casa detonó la chispa del turismo internacional. Los visitantes, cautivados por el clima, quisieron comprar terrenos para establecer allí su residencia. Ante la avalancha de peticiones de su propio círculo, Bongni adquirió en 1961 los famosos terrenos de la colina de Les Rotes y fundó la urbanización La Lloma del Castanyar. De este modo fortuito, la localidad pasó a convertirse en la principal colonia suiza de España.

Un legado contemporáneo con todas las comodidades

La familia conservó la propiedad como su lugar de veraneo hasta mediados de los años noventa. Hoy en día, la finca descansa sobre unos jardines consolidados de casi cinco mil metros cuadrados, custodiada por árboles maduros, pero también multitud de viviendas fruto de aquel reclamo que se originó entre esos muros.

Puesta en el mercado recientemente, esta residencia espera a alguien capaz de comprender su valor inmaterial, también con un bolsillo a la par. Como indican desde la agencia encargada de su gestión, se trata de «una casa excepcional para quien entiende que el verdadero lujo también consiste en preservar un legado y convertirse en custodio de algo irrepetible». Un rincón monumental del pasado dianense que sigue esperando escribir nuevos capítulos de su extensa historia.

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