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Los 5 nombres más extraños del callejero de Dénia: de un malentendido con el inglés a una red de pesca

J. Justo Moncho

Periodista
29 de marzo de 2026 - 08:01

A menudo, los nombres de las ciudades son como esas etiquetas de ropa que cuentan dónde se fabricó la prenda. En Dénia, sin embargo, el callejero no es solo una etiqueta; es una crónica de resistencia, malentendidos idiomáticos y un orgullo marinero que no entiende de despachos. Pasear por el casco antiguo o por el barrio de Baix la Mar supone tropezar constantemente con palabras que parecen puzles. Nombres que, si uno se detiene a escucharlos, susurran historias sobre cómo una red de pesca o un obrero inglés con ganas de caminar terminaron bautizando el lugar donde hoy miles de personas pasan cada día.

Gracias a la investigación que llevó a cabo en su día Joan Ivars Cervera en su obra sobre la onomástica local, hoy podemos despojarnos de las leyendas de barra de bar para entender por qué nuestras calles se llaman como se llaman. No es solo curiosidad; es una cuestión de identidad. Porque, aunque el tiempo pase, hay nombres que el pueblo se niega a soltar, incluso cuando las instituciones intentan imponer otros con más «alcurnia».

Bitibau: El inglés que se perdió en la traducción

Si existe un nombre que genera debate en Dénia, ese es Bitibau. Durante décadas, la teoría más compartida ha sido casi romántica: se decía que los trabajadores ingleses que llegaban al puerto por el comercio de la pasa solían decir que iban a dar una vuelta («walk a bit about»). El oído de los deniers de principios del siglo XIX, poco acostumbrado a la fonética anglosajona, habría transformado esa frase en la palabra Bitibau.

Sin embargo, el trabajo de Joan Ivars Cervera apunta también hacia una dirección más técnica y cercana al muelle. Es muy probable que el nombre tenga un origen puramente náutico, vinculado a la zona de las Atarazanas donde se construían y reparaban barcos de pesca. La palabra vendría de un «petit bau» (un pequeño bau, que es cada una de las vigas que atraviesan el barco de lado a lado). La evolución fonética de la lengua habría hecho el resto: de petit bau a pitibau, y finalmente a la forma que hoy conocemos con esa «b» inicial tan característica. Sea como fuere, es el ejemplo perfecto de cómo el lenguaje popular se moldea según lo que se ve y se oye en el puerto.

Carrer Cop: El triunfo de la red sobre el arzobispo

La carrer Cop es, probablemente, el símbolo máximo de la cabezonería —en el mejor de los sentidos— de los deniers. Durante casi cuarenta años, los documentos oficiales insistieron en que esa vía se llamaba calle del Arzobispo Melo. Pero a la gente de Dénia no le importaban los cargos eclesiásticos. Para el habla cotidiana, el artículo y la preposición eran sagrados: era el Carrer del Cop. El pulso terminó en diciembre de 1977, cuando el Ayuntamiento se rindió a la evidencia y le devolvió su nombre de siempre.

El origen del nombre nos sumerge de nuevo en el Mediterráneo. El «cop» no es un golpe, sino el nombre de un arte de pesca tradicional: una red larga que se va estrechando hacia el final, una forma que curiosamente imita el trazado de la propia calle. Documentada ya en 1583, es una de las denominaciones más antiguas de la ciudad. Saber que caminamos por una calle que lleva el nombre de una herramienta de trabajo de hace cinco siglos nos da una perspectiva diferente de nuestro presente.

Sandunga: La gracia que se quedó a vivir en el asfalto

La carrer Sandunga suena a fiesta, a alegría y a un carácter muy mediterráneo. Aparece ya en los padrones de 1840 y, aunque la palabra es castellana y significa «gracia natural», su aplicación en esta zona de Baix la Mar tiene un tinte muy personal. Según las investigaciones, es muy posible que «Sandunga» fuera el sobrenombre de alguna vecina que vivió en esta calle y que destacaba por su especial carisma.

Es fascinante pensar que, casi dos siglos después, el recuerdo de una sola mujer continúe guiando los pasos de quienes cruzan el barrio marinero. También existe la posibilidad de que esté relacionada con el verbo popular «endongar-se» (enturbiarse), pero la teoría del apodo es la que más peso tiene en la memoria de un barrio que siempre ha valorado la identidad propia por encima de los apellidos de postín.

Cavallers: El espejo de la aristocracia valenciana

Si nos alejamos de las redes de pesca y los apodos marineros, llegamos a la carrer Cavallers. Aquí el tono cambia. En este eje vivían las familias de la clase alta de Dénia, los apellidos que controlaban la política y la economía de intramuros. Joan Ivars Cervera señala algo muy interesante: es muy probable que esta denominación fuera una imitación directa de la calle Cavallers de València.

Al ponerle este nombre, la élite local no solo identificaba quién vivía allí, sino que buscaba emular el prestigio de la capital. Como ocurrió con la carrer Cop, durante un tiempo se intentó cambiar su nombre por el de Gabriel Moreno, pero en 1977 el pueblo, la democracia, volvió a reclamar la denominación tradicional. Es la calle de los palacios, de las fachadas de piedra y de una historia que mira más hacia la corte que hacia la lonja. Hoy en día, se puede decir que es la calle de la cultura, con dos museos y una biblioteca, y a pocos metros del Arxiu.

Tio de la Bota: El hombre que se convirtió en portal

Terminamos nuestra lista con uno de esos nombres que arrancan una sonrisa: el carreró del Tio de la Bota. Es el ejemplo perfecto de cómo un personaje real puede devorar el nombre oficial de un lugar. Según los registros de 1990, este nombre rinde homenaje a un personaje que vivió en esta zona y que era conocido por todos por ese pintoresco sobrenombre.

No se trata de un general, ni de un santo, ni de un político. Es el triunfo de lo cotidiano. En una ciudad donde todos se conocían, el «Tio de la Bota» era la referencia geográfica más fiable para los vecinos. El carreró del Tio de la Bota nos recuerda que las ciudades se construyen con la memoria de sus gentes, por muy humildes que sean sus apodos.

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