Nuestros pueblos también tienen sus monstruos

Vuelve Halloween como cada año desde que se asentara aquí esta festividad de origen anglosajón. Cada 31 de octubre, personas de todas las edades se disfrazan de forma escalofriante para pasar desapercibidos entre todos los monstruos que campan a sus anchas por las calles de cada ciudad. Todo esto durante una única noche, de fiesta y de terror.

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Es, por tanto, muy habitual durante esta noche cruzarse por la calle con alguna bruja, alguna momia, vampiros y muchos zombis. Pero también se cuelan entre ellos otros seres que llevan muchas generaciones entre nosotros y hasta hace poco no disponían de ningún día para celebrar entre los vivos. Éstos son los monstruos de la tradición valenciana, que antaño aterrorizaban a los pequeños y ahora, tras un tiempo olvidados, vuelven a ver la luz.

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Seres como el Moro Mussa, un personaje tradicional de nuestra mitología del que se cuenta que viajaba acompañado por su gato negro y con una serpiente enroscada en su cuerpo.

También es el caso del Butoni, una especie de monstruo, o demonio, un personaje habitual en el bestiario del imaginario valenciano, que se dedica a hacer fechorías, y da miedo a los niños pequeños.

¿Y quién no recuerda al hombre del saco? Se dice que secuestra los niños metiéndolos en un saco. Se suele representar como un hombre que vaga por las calles con un saco en busca de niños perdidos. Es uno de los estereotipos de ser con la que se da miedo a las criaturas.

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Entre los monstruos del bestiario valenciano destaca también la Quarantamaula, una criatura misteriosa, de origen demoníaco, un ser fantástico que servía para asustar a los niños y niñas cuando se portaban mal.

Y no hay que olvidar a los Gambosins, una especie de hombrecillos, aunque otro los consideran animalotes, que viven escondidos en los bosques que hay cerca de los pueblos. Les gusta acercarse a los núcleos poblados para observar a la gente del pueblo e imitar sus gestos y acciones. También suelen acercarse a zonas de acampada o zonas con fondos y mesas para comer. Cuando encuentran a alguien se burlan de él. Unos dicen que tienen cola, otros que aúllan y bailan a la luna llena; y otros los consideran duendes caprichosos.

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A ellos se suman Donyets, la Cuca Fera, l’Home dels Nassos, els Gegants o Les Bruixes. En definitiva, un gran abanico de seres para sentirnos orgullosos de que nuestra tradición también tiene monstruos, historias y leyendas relacionadas con el miedo.

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