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Niños tímidos y miedosos

Tipo NegocioPsicología

Hay muchos niños miedosos y tímidos, a los que les cuesta relacionarse y a los que les cuesta muchísimo separarse de sus padres. No se sienten relajados fuera de su entorno familiar y parecen no disfrutar, como lo hacen sus compañeros de las actividades de ocio.

Los padres comentan que en casa “no paran” o que son muy “habladores” y alegres, aunque también un poco cabezones o que buscan como hacer para salirse con la suya. En clase nunca acaban comportándose ni mostrándose como en el hogar, y esto es algo que a los padres les choca, pues no entienden como su hijo puede actuar de una forma tan diferente en un contexto u otro.

Sin embargo podemos observar una falta de control emocional que les lleva a la timidez y a retraerse en el grupo de iguales o, por otro lado, a la explosión emocional o a querer acaparar la atención en contextos más familiares.

Se han visto muchos casos de niños tímidos, miedosos y retraídos, con poca habilidad en sus movimientos y agilidad. Estos niños “tímidos” por su carácter y “precavidos” tienen problemas emocionales y en su desarrollo motor. Pero tras todo esto hay algo en común: el miedo.

Es este miedo es el que les impide relacionarse o mover su cuerpo en el espacio con total seguridad y habilidad, frena su desarrollo y limita sus experiencias.

Pero… ¿Podemos modificar este “carácter”?, ¿Dónde encontramos el “equilibrio” que todos queremos para nuestros hijos?

Nuestro cerebro es quien regula y controla nuestras emociones, quien interpreta el mundo que nos rodea. El que da sentido a todos los estímulos que nos llegan y nos hace actuar en consonancia con los mismos.

Si el sistema nervioso no interpreta bien este entorno, las respuestas del niño no serán las adecuadas, manifestando su miedo a moverse, lo cual le llevará a tener limitaciones en experiencias motrices necesarias para un desarrollo adecuado. Si el niño no se mueve correctamente en el mundo que le rodea, si no se siente hábil, si le falta confianza en su propio cuerpo, entonces muy probablemente esta confianza igualmente esté ausente en su relación con los demás y con todo lo que ocurra a su alrededor. Situaciones muy comunes pueden interpretarse como una amenaza o simplemente difíciles.

Importante es tener en cuenta que hay que dejar de decir que son “tímidos” o “torpes“, son “miedosos” o “tercos“…, pero sobre todo no lo digamos delante de ellos pues terminaremos convenciéndoles de que lo son. El niño crea el concepto de sí mismo que le transmitimos los demás. Por eso es fundamental que le trasmitamos seguridad para tener confianza en sí mismo y en lo que hace; debemos dejarle moverse y animarle a hacerlo, siempre respetando sus miedos, acercándonos a nuevas experiencias con seguridad y a su ritmo, sin prisas, con paciencia y con confianza en que el niño lo logrará.

Le ayudaremos así a que conozca sus limitaciones y capacidades, enriquecerá su desarrollo motriz, le hará más confiado en sí mismo y como consecuencia, vivirá más confiado en cualquiera de las situaciones que se le planteen.

En definitiva… el niño será más feliz.

Verónica Monsonís Far
Emòtica, Espai de Benestar

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